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27 de marzo de 2017

El Gobierno Provisorio… Bajo la “sombra” de la asonada…

La evidencia empírica pareciese confirmar que todo gobierno en Venezuela, al menos desde que somos República, nace bajo la “sombra” de la asonada y, por ende, al acecho de los conspiradores, sobre todo si se trata de gobiernos “de facto”. En este orden de ideas, entre 1945 y 1958, en Venezuela se vivió un proceso que no deja de ser interesante. El 18 de octubre de 1945 un gobierno “de jure” fue sustituido por un gobierno “de facto”. Ese gobierno “de facto” terminó entregándole el mando, en 1948, al gobierno que surgió de la constitucionalidad de 1947, siendo en consecuencia aquel que recibe “de jure”. 

El 24 de noviembre de 1948, el gobierno “de jure” que surgiese en 1947, es sustituido por un gobierno “de facto”. Y en 1953, en virtud de la constitucionalidad creada entre 1952 y 1953, surge un gobierno “de jure” que, el 23 de enero de 1958, por abandono del cargo del “Presidente Constitucional de la República”, es sustituido por un gobierno “de facto”. De manera que entre 1945 y 1958, el gobierno de Venezuela pasa de una situación “de facto” a una situación “de jure” y de una situación “de jure” a una situación “de facto”. Una suerte de ritmo pendular que se detuvo, aparentemente, a finales de 1962 y hasta comienzos de 1992, sí se considera el tiempo de la insurrección armada guerrillera más como un conflicto militar de baja intensidad, que como una conspiración de naturaleza civil-militar.

En todo caso, el “Gobierno Provisorio” de 1958, “de facto” en su origen, no fue la excepción del período. El 23 de julio de ese año y luego el 7 de septiembre con mayor intensidad, fue objeto de dos asonadas. La primera, el 23 de julio, acaudillada por el propio Ministro de la Defensa de entonces, el General Jesús María Castro León, a quien sus compañeros de armas apodaran entonces “El Cabo”. Como una muestra del “oficio paralelo” que Castro León (según el Contralmirante Larrazábal) ha tenido desde que egresó de las aulas de la Escuela de Aviación Militar[1], el díscolo oficial intenta una vez más “tomar el poder político”.

Descendiente directo del General Cipriano Castro, más específicamente, siendo su nieto, el General Castro León hizo parte de cuanta conspiración, asonada (o intento de ella) se hiciese pública (o fuese soterrada) al interior de las Fuerzas Armadas. En esta oportunidad, estuvo a punto de involucrar a buena parte de la oficialidad de la institución armada, en un momento dónde la ausencia de Pérez Jiménez (quien se habría marchado intempestivamente de Venezuela como solía decir la letra de una afamada canción peruana más reciente “sin adiós, ni despedida”), hubiese dejado un “vacío militar y presidencial” que Castro León acaso se creyese con legítimo derecho de llenar, aun estando de acuerdo todo el Alto Mando Militar (aquel que había terminado formándose, a saber, el Coronel Pedro José Quevedo, el Coronel Roberto Casanova, el Coronel Abel Romero Villate y el Coronel Carlos Luis Araque) en escoger al Contralmirante Larrazábal para que ocupara el cargo de Primer Mandatario Nacional, en virtud de ser entonces el oficial de más alto rango, más antiguo y en servicio activo para la madrugada del 23 de enero de 1958.

Castro desoyó esa voz y pretendió prorrumpir en el escenario, por medio de la fuerza y en uso de su proverbial impostura golpista, a los pocos meses de instalada la Junta de Gobierno, tras una “crisis militar” que se le presentase al Gobierno Provisorio. “Puesto a buen recaudo”, renuncia a la cartera de defensa y abandona el país[2]. Repetirá su “periplo conspirativo”, en 1960 y por última vez en su vida. Su temperamento levantisco lo llevará a los brazos de la muerte: morirá preso en el Cuartel San Carlos, en circunstancias que algunos autores consideran obscuras.

La segunda, la del 7 de septiembre de 1958, tiene por detrás al Coronel Hugo Trejo y como caras visibles al Teniente Coronel Juan de Dios Moncada Vidal, a los  Mayores Hely Mendoza Méndez y Luis Alberto Vivas Ramírez, así como entre otros oficiales subalternos, a los Tenientes Manuel Silva Guillén y Víctor Gabaldón. Se trata de una insurrección del batallón de Policía Militar que involucra, además, elementos de la Policía Municipal de Caracas. Trejo no participó directamente porque había sido “convenientemente” designado por Larrazábal “Embajador de Venezuela en Costa Rica”, el 27 de abril de ese mismo año, a resultas de lo cual el “inquieto” militar hubo de salir del país “raudamente” para cumplir su “diplomática” misión. Es esta la asonada a que (por su magnitud y parecido con otra más reciente) nos referiremos en detalle en las próximas líneas.

En la madrugada del 7 de septiembre, el Coronel Pedro José Quevedo, oficial del Ejército miembro de la Junta de Gobierno, recibe una llamada telefónica del Coronel Rafael Arráez Morles, Jefe de la Policía de Caracas, en la que le informa “…que efectivos de la Escuela de Policía de El Junquito se habían desplazado sobre Caracas por orden del Director de dicha Escuela, Mayor Luis Alberto Vivas Ramírez y al mando del Teniente Manuel Silva Guillén, con el objeto de tomar las radiodifusoras y como inicio de una rebelión armada.”[3] Arráez Morles es claro: se está iniciando una rebelión y es armada.

Más tarde, luego de las 0330 horas, el Coronel Arráez Morles informa al Coronel Quevedo, quien en el Palacio Blanco ya se encuentra con los Doctores Numa Quevedo, Ministro de Relaciones, y Julio Diez, Gobernador del Distrito Federal, que las radiodifusoras han sido rescatadas por unidades de la Policía Militar, poniendo bajo arresto a los alumnos de la Policía Municipal que estaban custodiando las instalaciones de esos medios. El Coronel Quevedo se ha puesto en contacto con otros mandos militares del país, así como con el Coronel Marco Aurelio Moros, Comandante General del Ejército, para determinar la magnitud de la insurrección. Sin embargo, llama poderosamente la atención del oficial trujillano que sean, precisamente, las tropas de la Policía Militar, las que hayan rescatado las radiodifusoras, si aún los alumnos de la Escuela de Policía no se habían aproximado a sus objetivos, según información que el mando militar consultado le hace llegar.

Es así como el Coronel Quevedo se apercibe que se trata de una “maniobra de diversión” para confundir a los mandos militares leales a la Junta. El Doctor Numa Quevedo relata: “La situación, sin duda, aparecía sumamente confusa y peligrosa por cuanto se desconocía el verdadero alcance del movimiento militar…”[4] Estando en las cavilaciones propias del momento y en el acometimiento simultáneo de las coordinaciones militares respectivas, el Teniente Víctor Gabaldón, al mando de una unidad de tanques, rodea el Palacio Blanco y conmina a rendición a los miembros de la Junta allí reunidos, so pena de bombardear la instalación si no recibe respuesta en minutos. Ante la negativa de los ocupantes de Palacio de rendirse, el Teniente Gabaldón insiste y el Doctor Quevedo relata: “Por dos veces más el oficial rebelde insistió en la rendición y en actitud agresiva dirigió los cañones de los tanques contra el edificio, diciendo haber reconocido ya la nueva Junta de Gobierno y pidiendo igualmente que ésta fuera reconocida por el Coronel Quevedo y sus asesores.”[5] La respuesta del Coronel Quevedo es terminante: “…no hay más Junta de Gobierno que la que viene actuando desde el 23 de enero con el apoyo del Ejército y el pueblo venezolanos. De aquí nos sacan muertos.”[6]

El General Josué López Henríquez, quien desde el 24 de julio de ese año ha sustituido al General Castro León en el Ministerio de la Defensa, está “rodeado” también en el Palacio Blanco. Y en consecuencia, narra el Doctor Quevedo: “Ante la gravedad de la situación y la necesidad de que el Ministro de la Defensa pudiera actuar libremente en otro Comando, el General López Henríquez pudo evadirse por el ascensor que da hacia el garaje del Palacio y ordenó a una de las radiopatrullas que lo condujera a sitio seguro.”[7]

El cuartel de la Policía Militar dónde tienen origen las órdenes y movimientos de los insurrectos, a las 0500 horas de la mañana, del mismo 7 de septiembre, es finalmente recuperado por un grupo de oficiales leales y es puesto preso el Mayor Hely Mendoza Méndez. Y continúa relatando en Dr. Quevedo: “Ya en poder del Gobierno el cuartel sublevado, se ordenó el retiro de los tanques que apuntaron hacia el Palacio Blanco y ante el fracaso de la intentona, el Coronel Quevedo se dispuso a elaborar un mensaje a la nación, informándola de lo acontecido y particularmente del restablecimiento total del orden, todo lo cual se había logrado a las seis de la mañana.”[8]

Pero lo que ocurrió después es lo que tiene un interesante parecido con los acontecimientos que han ocurrido en más recientes fechas en Venezuela y cuyos actores, reiteramos, insisten en llamar “evento único en nuestra historia patria”. Dejemos que sea uno de sus protagonistas, el Doctor Numa Quevedo, quien además ha estado haciendo el relato de los hechos, quien describa los acontecimientos a partir de las 0600 horas:

“Miles de personas se aglomeraron frente al Palacio Blanco y ante una gigantesca manifestación el Coronel Quevedo y los Doctores Numa Quevedo y Julio Diez, explicaron el desarrollo de los acontecimientos y el total dominio de la situación. En igual forma lo hicieron el Doctor Sosa y los Ministros que lo acompañaban. Desgraciadamente, por lamentable confusión que se atribuye al descuido de un guardia quien se le fue un disparo, hubo violentos tiroteos y ráfagas de ametralladora, resultando, dolorosamente, muertos y heridos civiles. Luego, entre otras cosas, por la acción de franco-tiradores apostados en edificios cercanos al Palacio Blanco, a quienes se considera agentes del pérezjimenismo, se produjeron otras descargas de las que surgieron más víctimas, inclusive de la Marina y de la Policía Militar.”[9]

La descripción del Dr. Quevedo es gráfica. Una “manifestación gigantesca”, “ministros que se dirigen a la multitud” lo cual implica un apoyo mayoritario de la población a la Junta en funciones. Desgraciadamente, la “acción de francotiradores” y “un disparo accidental” producen “ráfagas de ametralladora” con saldo de muertos heridos que terminan empañando la jornada, sin bajas que lamentar hasta ese momento. Pero, en medio de todos estos acontecimientos, ¿Dónde está el Presidente de la Junta? Según relata el Doctor Quevedo, el Almirante-Presidente viene en camino de La Guaira, específicamente de la residencia presidencial de La Guzmania, dónde había permanecido pendiente del desarrollo de estos aciagos eventos y “…desde dónde, en vibrantes y emocionadas palabras, se dirigió al pueblo e impartió todas las órdenes militares concernientes.”[10]

El Almirante Larrazábal, arriba a las inmediaciones y luego al propio Palacio Blanco; respecto de esas incidencias, relata el Dr. Quevedo:

“Fue recibido por una gran manifestación popular junto con el doctor Sanabria, el coronel Araque y los Ministros que lo acompañaban en su gira por el interior. Dando gran muestra de fe y confianza, bajaron del automóvil y caminaron hacia la Avenida Sucre. Allí tomaron de nuevo sus vehículos y entraron al Palacio Blanco en medio de cerradas descargas de fusilería que nuevamente provocaban las imprudencias señaladas.”[11]

De nuevo un conjunto de actos de habla que remite al apoyo generalizado de la población que circunda el Palacio. El Almirante Larrazábal es recibido por “una gran manifestación popular” a la que el Presidente “dando gran muestra de fe” acompaña caminando por la Avenida Sucre, aledaña al Palacio, para retomar la marcha en vehículo. “Cerradas descargas de fusilería” señalan su entrada triunfal, ocasionando en el ínterin “las imprudencias ya señaladas”. Y culmina su narración el Doctor Quevedo:

“Desde el balcón del Palacio, el Contralmirante Larrazábal se dirigió al pueblo, anunció el merecido castigo para los culpables, habló de las medidas civiles y militares que tomaría el Gobierno, exigió calma y serenidad de ánimo, y la multitud, que tiene fe y confianza en la palabra del Presidente de la Junta de Gobierno, lo escuchó con entusiasmo y respeto aplaudiendo sus intervenciones. El Contralmirante estableció contactos con todas las fuerzas militares del país, conversó con los dirigentes políticos y sindicales y pidió luego al pueblo que se retirara a sus casas para evitar incidentes callejeros, el cual, como siempre, atendió al llamado del Presidente de la Junta de Gobierno.”[12]

El Presidente le habla al pueblo “desde el balcón de Palacio”, quien lo escucha con “entusiasmo y respeto, aplaudiendo sus intervenciones”; anuncia medidas, distribuye culpas pero exige “serenidad y calma” a ese mismo pueblo que lo acompaña. Finalmente, les pide se retiren a sus casas “para evitar incidentes”. Previamente ha conversado con líderes políticos y dirigentes sindicales, y establecido contacto con las fuerzas militares. El país ha regresado a la calma. La Junta ha triunfado y salido de la “sombra” de una asonada más. Según el Doctor Quevedo, fundamentalmente porque la gente tiene “fe y confianza en la palabra del Presidente de la Junta de Gobierno”.

El país será conducido por esta Junta de Gobierno hacia un proceso electoral que finalmente tendrá lugar el último mes de 1958. Pero, aún en paz, habrá que establecer acciones que la Junta (particularmente el Ministerio de Relaciones Interiores) definirá como “Medidas de Alta Policía”.Y esta asonada, así como tales medidas, generarán “culpas y culpables” y de esas “culpabilidades” vendrán por retruque más “señalamientos” algunos de los cuales se materializarán en acciones legales inusitadas pero contundentes. De esas “culpas”, “culpables” y sus resultados, hablaremos en nuestro próximo artículo. Mientras, la clepsidra política sigue decantando arena del pasado, una arena de brillos y matices sorprendentemente parecidos a aquellos de un presente próximo. ¿Genio y figura…?




[1] “Yo conocía desde hacía mucho tiempo a Castro León; en Washington estuvimos juntos y tuvimos problemas, cosas que suceden en la vida militar y de las cuales no tenemos por qué quejarnos. Castro León fue un hombre que le gustó conspirar siempre, de teniente, de mayor, de coronel, a Castro León le gustaba conspirar.” Entrevista realizada al Vicealmirante Wolfgang Larrazábal Ugueto por el Capitán de Navío Jairo Bracho Palma, en 1996 y publicada en su libro “Hombres de Hierro” en la sección correspondiente a la biografía del Almirante Larrazábal. Recuperado de internet en https://issuu.com/historianaval/docs/hombres_de_hierro.
[2] “Mira cabo, me has llamado dos veces, qué te pasa”… “Almirante que estoy alzado…” Wolfgang ríe…”Cómo que estás alzado, qué cuestión es esa, quién se va a alzar en este país, deja la tontería chico…” Entrevista realizada por el Capitán de Navío Jairo Bracho Palma al Embajador Carlos Tayhalrdat, quien fungiese, con el grado de Teniente de Navío, como ayudante del Almirante Larrazábal como Presidente de la Junta de Gobierno. Tayhlardat presenció la conversación citada. Recuperado de internet en https://issuu.com/historianaval/docs/hombres_de_hierro.
[3] Quevedo, Numa; El gobierno provisorio. 1958. PENSAMIENTO VIVO. LIBBRERIA HISTORIA. Caracas, 1963. Pág.200.
[4] Quevedo…Op.Cit…Pág. 201.
[5] Quevedo…Idem…Pág.201.
[6] Quevedo…Idem…Pág.201.
[7] Quevedo…Idem…Pág.201.
[8] Quevedo…Idem…Pág.202.
[9] Quevedo…Idem…Pág.202. Aquí sobreviene una pregunta. ¿Fueron “únicos en la historia patria” los eventos el 11 de abril de 2002? “…muertos y heridos civiles…”; “…acción de franco-tiradores…”; “…gigantesca manifestación frente al Palacio Blanco…”; más víctimas, inclusive personal de tropa. Militares y ministros que se dirigen a la multitud para explicar “…el desarrollo de los acontecimientos…”. Interesante el contenido de tales ilocuciones…
[10] Quevedo…Idem…Pág.203.
[11] Quevedo…Idem…Pág.203.

[12] Quevedo…Idem…Pág.203. De nuevo sobreviene una pregunta equivalente a la del pie de página N°9: ¿Fueron “únicos en nuestra historia patria” los eventos del 12 y 13 de abril  de 2002? El Presidente “recibido por una multitud”; “camina junto a la gente” y se da un baño de pueblo. Recibido entre vítores por las tropas que lo custodian. “Establece contacto con los mandos militares afectos”, “dirigentes políticos y sindicales que lo apoyan” y “le habla al pueblo desde el balcón de Palacio” pidiéndole “calma y serenidad de ánimo” y conminándolo que se retire a sus casas, para evitar incidentes.

23 de octubre de 2016

Historia Política de Venezuela y el Bolero de Ravel: ¿Variaciones sobre un mismo tema?....Segunda Parte

LA DEMOCRACIA llegó con aires de conciliación. Así lo registra el Profesor Juan Carlos Rey para la historia política venezolana, al bautizar ese período de "acuerdo político nacional" con la nominación con la que, de ahí en adelante, muchos conocieran y dieran a conocer ese acuerdo: "Pacto de conciliación de élites". Y, ciertamente, se trató de una conciliación elistesca: empresarios, banqueros, partidos tradicionales, militares adversos a Pérez Jiménez, Iglesia Católica e instituciones de la Clase Media emergente en tiempos de López Contreras y Medina, y para ese momento ya consolidadas, además con voz propia, incluso el Partido Comunista (a pesar de haber sido excluido de esta fiesta de "pactismo nacional"), suscribieron un gran pacto, explícito en unos casos (Pacto de Nueva York y Pacto de Punto Fijo) e implícito para  la gran mayoría, a los fines de hacer posible la vía democrática como tránsito futuro. Y el espíritu de "esta vez sí" y su correlato temporal "ahora sí", se adueñó de la nación, aunque ese "pueblo" por el que todos "luchan y se desgañitan" y que siempre encarna "el preterido" (porque al hacer parte de esas "élites" o sentirse parte de ellas, te excluye automáticamente de la condición de "pueblo") poco o nada participara de esas negociaciones, estuviese al tanto de sus extremos o finalmente le interesara apenas más allá de las pitanzas que pudiese recibir en el proceso.

Rómulo Betancourt representó al líder carismático que desde 1928, luego en 1936 y finalmente entre los años 1945 y 1948, se colocara al frente de la Civilidad Democrática Radical, tras la búsqueda de la senda democrática, primero marxista y luego socialista al estilo de la Alianza Popular Revolucionaria Peruana de Víctor Raúl Haya de la Torre. De hecho, en 1945, Betancourt intenta la instauración de un experimento aprista que las "equivalentes variaciones sobre un mismo tema" terminan llevándolo a un final no deseado. Ahora un Rómulo Betancourt más maduro, más experimentado, mucho más zamarro y consciente del papel del Gran Vecino del Norte y su "inefablemente inoportuna" presencia en las "experiencias revolucionarias" continentales, que trajeron personajes como Tacho Somoza y luego su engendro Tachito, y la caída del Coronel Jacobo Arbenz en la Guatemala de Asturias (además en el contexto de una Guerra Fría), lo hacen derivar hacia la "social democracia" como interpretación política de la realidad y hacia el capitalismo anglo-norteamericano como sistema económico, ambos más como requerimientos de supervivencia que de la propia convicción del entonces Primer Mandatario Nacional.

En medio de intentos de asesinato, golpes militares y finalmente una guerrilla comunista organizada, construida y conducida por aquellos quienes se sienten engañados por el rumbo que toma el nuevo experimento Betancourista, además con apoyo externo de la turbamulta cubana, que se ha propuesto hacer realidad el "internacionalismo proletario", embullados además por la "realidad notablemente más justa" que construye la Revolución Cubana en la próxima isla antillana,  Betancourt se bate como en sus mejores años de resistencia allá en los años 40, y desata una represión feroz contra sus enemigos, a los que somete como en la dictadura recién derrocada, con prisión, desapariciones, tortura y muerte. ¿Y la democracia? ¿Y la libre expresión de las ideas? ¿Y la libre participación política?...¡Al carajo de nuevo! (con perdón del tarascón poco o nada académico): la conservación del poder justifica todo.

Termina diciendo Betancourt en una declaración pública cuando es increpado sobre "los sufrimientos del pueblo" que le ha causado el Gobierno Democrático, amparado en una recién aprobada y "nueva" Constitución Nacional, misma que echa las bases de la igualmente "nueva República": "El Pueblo sin más, como concepto sin apellido, es una entelequia. El Pueblo es el Pueblo organizado en partidos políticos legales, organizaciones sindicales y gremiales e instituciones de variada índole. El Pueblo, como concepto aislado, ya no existe más..." Betancourt ha "rebautizado" el concepto de Pueblo y lo coloca del lado de su partido, expresión mayoritaria de la sociedad y que él viene organizando, bajo su mano férrea, al mejor estilo estalinista, desde 1941 y que en 1960 y 1963 amenaza con diluirse, tras enfrentar dos divisiones. Acción Democrática, el Partido del Pueblo, se mantendrá siendo la organización política más fuerte, grande y mejor organizada del país, hasta el comienzo de su agonía en 1986. Hoy es apenas una modesta finca en manos de un viejo aspirante a gamonal: Henry Ramos Allup.

La DEMOCRACIA no tarda en caer en las mismas "variaciones temáticas" de siempre: la corrupción, el tráfico de influencias, el clientelismo, la violencia política y su concusión, cohecho y artificios de sinvergüenzas, protagónicos o de bajo perfil, que las han acompañado al través de dos siglos y con las cuales nuestro propio "bolero histórico" o, acaso, un fenotipo oculto en los escombros de algún recodo pretérito, nos obliga a sepultarnos, más allá de las buenos deseos del inicio. En 1992 un grupo de militares acaudillados por un "por ahora" anónimo Comandante, intentan hacerse del Poder Político por la vía de la fuerza, en el peor momento de LA DEMOCRACIA. A pesar de haber hecho "todo lo bueno por allá" el Comandante conmina a "sus fuerzas" a la rendición, según sus propias palabras "...ya vendrán nuevos momentos y nuevas situaciones...". Y en 1998 llegan al fin "esos nuevos momentos y esas nuevas situaciones". En unas elecciones al estilo de LA DEMOCRACIA, con apego a su Derecho y preceptos constitucionales, resulta electo el antiguo "Comandante Golpista" como  Presidente Constitucional de la República de Venezuela, no sin antes haberle puesto todos los obstáculos posibles, los partidos tradicionales, los medios, las clases tributarias de LA DEMOCRACIA, parte de sus retículas oligárquicas construidas durante 8 lustros, merced de ese negociado corruptor.

En 1999, luego de aprobada en Asamblea Constituyente (una promesa electoral del Comandante) una "nueva" Constitución que rebautiza a Venezuela como REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA, en una reminiscencia (sexta vez en Venezuela) bolivariana, en la que se empeña el Comandante en "resucitar" a todo trance y según su real saber y entender los "verdaderos ideales bolivarianos", se inicia este periodo en cuyo filo (como una navaja) vivimos hoy. Con logros, aciertos y muchos desaciertos, un ingente ingreso petrolero de coyuntura que le da dinero a manos llenas, el Comandante transita de bolivariano, a revolucionario antillano y de allí a socialista con discurso marxista, pero repleto de cubanía en la creación de Nomenklaturas, prebendados y prebendarios a granel, "rial" mediante. Muere el Comandante en el intento y deja el "negocio" en manos del más incapaz (sin saberlo) de sus segundos y la patria de Bolívar; la misma de Páez; la propia de Guzmán; la que avilantó Castro; la que pacifica Gómez; la que enrumba Betancourt por la senda  de LA DEMOCRACIA y en un nuevo arresto revolucionario, lleva al sumun de la locura esta nueva REVOLUCIÓN BOLIVARIANA, se encuentra sumida de nuevo en la pobreza colectiva, siendo esta nueva edición revolucionaria acusada de corrupción, cohecho, tráfico de influencias, abuso, peculado, tanto de uso como de recursos financieros, arbitrariedad e imposición ilegal, inconsulta e ilegítima de "derechos políticos" contrahechos. En suma, las mismas acusaciones, acciones y ocurrencias que causaron la debacle de "las rutilantes creaciones anteriores" que en ejercicio retórico altisonante, prometieron villas y castillos al común.

En los acordes finales del "Bolero de Ravel", terminamos nosotros esta reflexión propia, escuchando a lo lejos lo que parece el inicio de una protesta a las puertas de la Asamblea Nacional, con ocasión de un evento que "los revolucionarios" llaman "intento de golpe" y su contraparte,"la defensa de los derechos políticos conculcados". El 24 de enero de 1848, en medio de uno de los gobiernos más corruptos y abusivos de la nación, para variar (el del General José Tadeo Monagas), Congreso y Ejecutivo se enfrentaron en una situación equivalente, más concretamente, en la demostración definitiva de quien "roncaba más duro". En aquella ocasión, el "Ejecutivo Monaguero" orquestó una agresión con saldo de diputados muertos y gente en la calle fallecida o mal herida. Se irguió Monagas sobre su triunfo, afirmando con convicción: "...la Constitución da para todo...". Y como lo sugiere el "Bolero de Ravel", las "variaciones sobre un mismo tema" dan para la construcción de una pieza plétora de matices, colores y cadencias. Lástima que la nuestra sea tan triste y haya "sonado", al menos hasta hoy, tan mal...