LA DEMOCRACIA llegó con aires de conciliación. Así lo registra el Profesor Juan Carlos Rey para la historia política venezolana, al bautizar ese período de "acuerdo político nacional" con la nominación con la que, de ahí en adelante, muchos conocieran y dieran a conocer ese acuerdo: "Pacto de conciliación de élites". Y, ciertamente, se trató de una conciliación elistesca: empresarios, banqueros, partidos tradicionales, militares adversos a Pérez Jiménez, Iglesia Católica e instituciones de la Clase Media emergente en tiempos de López Contreras y Medina, y para ese momento ya consolidadas, además con voz propia, incluso el Partido Comunista (a pesar de haber sido excluido de esta fiesta de "pactismo nacional"), suscribieron un gran pacto, explícito en unos casos (Pacto de Nueva York y Pacto de Punto Fijo) e implícito para la gran mayoría, a los fines de hacer posible la vía democrática como tránsito futuro. Y el espíritu de "esta vez sí" y su correlato temporal "ahora sí", se adueñó de la nación, aunque ese "pueblo" por el que todos "luchan y se desgañitan" y que siempre encarna "el preterido" (porque al hacer parte de esas "élites" o sentirse parte de ellas, te excluye automáticamente de la condición de "pueblo") poco o nada participara de esas negociaciones, estuviese al tanto de sus extremos o finalmente le interesara apenas más allá de las pitanzas que pudiese recibir en el proceso.
Rómulo Betancourt representó al líder carismático que desde 1928, luego en 1936 y finalmente entre los años 1945 y 1948, se colocara al frente de la Civilidad Democrática Radical, tras la búsqueda de la senda democrática, primero marxista y luego socialista al estilo de la Alianza Popular Revolucionaria Peruana de Víctor Raúl Haya de la Torre. De hecho, en 1945, Betancourt intenta la instauración de un experimento aprista que las "equivalentes variaciones sobre un mismo tema" terminan llevándolo a un final no deseado. Ahora un Rómulo Betancourt más maduro, más experimentado, mucho más zamarro y consciente del papel del Gran Vecino del Norte y su "inefablemente inoportuna" presencia en las "experiencias revolucionarias" continentales, que trajeron personajes como Tacho Somoza y luego su engendro Tachito, y la caída del Coronel Jacobo Arbenz en la Guatemala de Asturias (además en el contexto de una Guerra Fría), lo hacen derivar hacia la "social democracia" como interpretación política de la realidad y hacia el capitalismo anglo-norteamericano como sistema económico, ambos más como requerimientos de supervivencia que de la propia convicción del entonces Primer Mandatario Nacional.
En medio de intentos de asesinato, golpes militares y finalmente una guerrilla comunista organizada, construida y conducida por aquellos quienes se sienten engañados por el rumbo que toma el nuevo experimento Betancourista, además con apoyo externo de la turbamulta cubana, que se ha propuesto hacer realidad el "internacionalismo proletario", embullados además por la "realidad notablemente más justa" que construye la Revolución Cubana en la próxima isla antillana, Betancourt se bate como en sus mejores años de resistencia allá en los años 40, y desata una represión feroz contra sus enemigos, a los que somete como en la dictadura recién derrocada, con prisión, desapariciones, tortura y muerte. ¿Y la democracia? ¿Y la libre expresión de las ideas? ¿Y la libre participación política?...¡Al carajo de nuevo! (con perdón del tarascón poco o nada académico): la conservación del poder justifica todo.
Termina diciendo Betancourt en una declaración pública cuando es increpado sobre "los sufrimientos del pueblo" que le ha causado el Gobierno Democrático, amparado en una recién aprobada y "nueva" Constitución Nacional, misma que echa las bases de la igualmente "nueva República": "El Pueblo sin más, como concepto sin apellido, es una entelequia. El Pueblo es el Pueblo organizado en partidos políticos legales, organizaciones sindicales y gremiales e instituciones de variada índole. El Pueblo, como concepto aislado, ya no existe más..." Betancourt ha "rebautizado" el concepto de Pueblo y lo coloca del lado de su partido, expresión mayoritaria de la sociedad y que él viene organizando, bajo su mano férrea, al mejor estilo estalinista, desde 1941 y que en 1960 y 1963 amenaza con diluirse, tras enfrentar dos divisiones. Acción Democrática, el Partido del Pueblo, se mantendrá siendo la organización política más fuerte, grande y mejor organizada del país, hasta el comienzo de su agonía en 1986. Hoy es apenas una modesta finca en manos de un viejo aspirante a gamonal: Henry Ramos Allup.
La DEMOCRACIA no tarda en caer en las mismas "variaciones temáticas" de siempre: la corrupción, el tráfico de influencias, el clientelismo, la violencia política y su concusión, cohecho y artificios de sinvergüenzas, protagónicos o de bajo perfil, que las han acompañado al través de dos siglos y con las cuales nuestro propio "bolero histórico" o, acaso, un fenotipo oculto en los escombros de algún recodo pretérito, nos obliga a sepultarnos, más allá de las buenos deseos del inicio. En 1992 un grupo de militares acaudillados por un "por ahora" anónimo Comandante, intentan hacerse del Poder Político por la vía de la fuerza, en el peor momento de LA DEMOCRACIA. A pesar de haber hecho "todo lo bueno por allá" el Comandante conmina a "sus fuerzas" a la rendición, según sus propias palabras "...ya vendrán nuevos momentos y nuevas situaciones...". Y en 1998 llegan al fin "esos nuevos momentos y esas nuevas situaciones". En unas elecciones al estilo de LA DEMOCRACIA, con apego a su Derecho y preceptos constitucionales, resulta electo el antiguo "Comandante Golpista" como Presidente Constitucional de la República de Venezuela, no sin antes haberle puesto todos los obstáculos posibles, los partidos tradicionales, los medios, las clases tributarias de LA DEMOCRACIA, parte de sus retículas oligárquicas construidas durante 8 lustros, merced de ese negociado corruptor.
En 1999, luego de aprobada en Asamblea Constituyente (una promesa electoral del Comandante) una "nueva" Constitución que rebautiza a Venezuela como REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA, en una reminiscencia (sexta vez en Venezuela) bolivariana, en la que se empeña el Comandante en "resucitar" a todo trance y según su real saber y entender los "verdaderos ideales bolivarianos", se inicia este periodo en cuyo filo (como una navaja) vivimos hoy. Con logros, aciertos y muchos desaciertos, un ingente ingreso petrolero de coyuntura que le da dinero a manos llenas, el Comandante transita de bolivariano, a revolucionario antillano y de allí a socialista con discurso marxista, pero repleto de cubanía en la creación de Nomenklaturas, prebendados y prebendarios a granel, "rial" mediante. Muere el Comandante en el intento y deja el "negocio" en manos del más incapaz (sin saberlo) de sus segundos y la patria de Bolívar; la misma de Páez; la propia de Guzmán; la que avilantó Castro; la que pacifica Gómez; la que enrumba Betancourt por la senda de LA DEMOCRACIA y en un nuevo arresto revolucionario, lleva al sumun de la locura esta nueva REVOLUCIÓN BOLIVARIANA, se encuentra sumida de nuevo en la pobreza colectiva, siendo esta nueva edición revolucionaria acusada de corrupción, cohecho, tráfico de influencias, abuso, peculado, tanto de uso como de recursos financieros, arbitrariedad e imposición ilegal, inconsulta e ilegítima de "derechos políticos" contrahechos. En suma, las mismas acusaciones, acciones y ocurrencias que causaron la debacle de "las rutilantes creaciones anteriores" que en ejercicio retórico altisonante, prometieron villas y castillos al común.
En los acordes finales del "Bolero de Ravel", terminamos nosotros esta reflexión propia, escuchando a lo lejos lo que parece el inicio de una protesta a las puertas de la Asamblea Nacional, con ocasión de un evento que "los revolucionarios" llaman "intento de golpe" y su contraparte,"la defensa de los derechos políticos conculcados". El 24 de enero de 1848, en medio de uno de los gobiernos más corruptos y abusivos de la nación, para variar (el del General José Tadeo Monagas), Congreso y Ejecutivo se enfrentaron en una situación equivalente, más concretamente, en la demostración definitiva de quien "roncaba más duro". En aquella ocasión, el "Ejecutivo Monaguero" orquestó una agresión con saldo de diputados muertos y gente en la calle fallecida o mal herida. Se irguió Monagas sobre su triunfo, afirmando con convicción: "...la Constitución da para todo...". Y como lo sugiere el "Bolero de Ravel", las "variaciones sobre un mismo tema" dan para la construcción de una pieza plétora de matices, colores y cadencias. Lástima que la nuestra sea tan triste y haya "sonado", al menos hasta hoy, tan mal...
En este Blog nos ocupamos de la Historia Política de Venezuela, tanto en el pasado inmediato como en la contemporaneidad y desde el discurso político surgido de la evidencia empírica documental. Al propio tiempo, emitimos nuestros propios juicios de valor (debidamente sustentados) sobre hechos actuales o pasados, siempre en sintonía con nuestro afán esencial: hacer público el conocimiento de la impronta histórica venezolana. ¡Salve Venezuela!...!Salve Patria mía!...
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23 de octubre de 2016
Historia Política de Venezuela y el Bolero de Ravel: ¿Variaciones sobre un mismo tema?....Segunda Parte
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22 de octubre de 2016
Historia Política de Venezuela y el Bolero de Ravel: ¿Variaciones sobre un mismo tema?....Primera Parte
La historia política de Venezuela es plétora de nuevos descubrimientos. Un documento por aquí; una carta por allá; un texto incunable o un escrito perdido de un alguien, acaso anónimo, pero protagonista de algún evento trascendente sin saberlo, nos acerca a un “nuevo descubrimiento” o a una “novedosa interpretación” de un proceso, ocurrencia o tiempo histórico, en una acepción más dilatada. Pero al “alejarnos” del detalle y ver el contexto, el escenario y al quitar las caras y los nombres, nos sorprende en todo su esplendor, el “Bolero de Ravel”. Sí, en efecto, la composición que hiciese inmortal el grande músico francés de las postrimerías del siglo XIX y principios del XX; la misma que no aplaudiesen el día de su estreno, pero como la “Gloria de Bolívar”, fuese creciendo en admiración como “crecen las sombras cuando el sol declina” a decir del poeta Choquehuanca. El “Bolero de Ravel” es una composición prolífica en compases, marchas y contramarchas, en un crescendo continuo que emociona a quien la escucha en la medida en que, precisamente, la escucha. Pero tiene una estructura constante: se trata de variaciones sobre un mismo tema melódico. Eso era lo que aspiraba probar Ravel: la construcción posible de una pieza musical extraordinariamente rica en reflejos y tonalidades, pero como resultado de variaciones sobre un mismo tema.
Partimos un día de una gesta emancipadora guiada por un líder carismático, el Libertador Simón Bolívar, tras la búsqueda obsesiva de la libertad, gloria mediante también y para la construcción de una República. Sangre, tierra, lodo y llanto; lanzas partidas, sables mellados, olor a pólvora y cuerpos descompuestos. Destrucción, fuego y matanza. Rostros desencajados, viudas, huérfanos y medio país en ruinas con media población famélica luchando para vivir. Pero solo la libertad fue su fruto. Aún con el retumbar de cañones de fondo, se quejaba amargamente Tomás Lander que para 1823, aún se seguían odiando los pocos caraqueños sobrevivientes. En 1830 nacimos realmente como República y de la mano de otro líder carismático, José Antonio Páez Herrera, comenzamos a transitar la senda de una patria “libre y soberana”. Apenas un lustro nos separó de la guerra: en 1835, otros “incómodos” con otros a quienes veían como “cómodos”, encendieron la tea del combate entre nosotros: solo la sangre lava las afrentas de sangre. Y volvió el líder carismático (porque podía) y restituyó el orden. Pero los vicios continuaron y para 1859, apenas 14 años después de la partida de la vida política activa del “Centauro de los Llanos”, por una senda no muy bendita debemos decir, nos comenzamos a matar en masa. Durante 5 largos años, destruimos de nuevo la Patria y más huérfanos, más madres llorosas, más muerte, más candela de por medio, nos llevaron a un nuevo líder carismático y otro tránsito esquivo e incierto: Antonio Guzmán Blanco.
Y vinieron las promesas de una nueva “Revolución”. Tras la enseña de “Muerte al oligarca” se trató de construir aquella nación. Ensayos institucionales, mucha retórica verbosa en lo legal, poco pragmática real; mucha cosmética arquitectónica francesa, a lo Napoleón III y poca realización cultural. Blancos y pardos criollos aquí en el liderazgo; negros, zambos y mulatos allá, al filo de las quebradas. ¿Y las reparticiones? ¿Los premios sociales de la revolución? ¿La igualación que nos ofrecieron por dejar el cuero en la gesta emancipadora, luego en la Revolución de las Reformas, en la insurrección campesina de 1846 y luego en la Guerra Larga, dónde quedó? Las mismas acusaciones de latrocinio, concusión y corrupción; la misma apropiación indebida; el mismo desprecio y abuso que observaron de los “oligarcas", fueron señalados los revolucionarios de cometer, ahora con mayor intensidad. Y el liberalismo amarillo, la panacea de la justicia, la única forma de salvación nacional, mordió el polvo una tarde, allá en La Victoria de Aragua, allá dónde Ribas, en 1814, se hiciese inmortal. Lo hizo caer una triunfante Revolución Liberal que se auto-proclamó “restauradora” tanto del “liberalismo real” como de los “sueños de Bolívar”. Y un nuevo líder carismático se presentó frente a ella: José Cipriano Castro Ruiz. “Nuevos hombres, nuevos sistemas, nuevos procedimientos” fue la enseña de esta nueva concepción, precedida de su turbamulta respectiva.
Mayores los abusos, inconmensurable la apropiación del público erial. Vinieron las potencias a cobrarse lo siempre solicitado en préstamo para matarse y lo nunca pagado para resarcirse. Vinieron, como suelen decir los españoles “a por lo suyo”. Los batieron, en alguna medida, pero el Tío Sam que ya campeaba por sus fueros, los asustó con un nuevo poderío en ciernes y el líder carismático trocado en gamonal (como debía ser) se cubrió de gloria por su "denodada resistencia heroica". Pero había venido con un compadre a quien se solazaba en humillar y una madrugada, luego de haber partido el gamonal a curarse de los efectos destructivos de una sífilis propia de cabalgatas de cama sin tasa y medida, el compadre, Juan Vicente Gómez, le “cogió el maíz volteao por la orilla” y se encaramó en el coroto. Una nueva clase de líder carismático, nos llevó por el camino de una amarga “Rehabilitación”. Ergástulas, espalderos, sigüises, adulantes, baños en escuálidas multitudes rastreras, merced del dinero ahora a manos llenas por el descubrimiento del fructuoso aceite negro. Más miseria, más enfermedad y abandono. “Asociaciones convenientes para el impulso del progreso” llamaron a la entrega de concesiones petroleras a perpetuidad al acreciente estamento petrolero mundial, quien viera en esta presa caribeña “buena carne morena a quien hincarle el diente”. Otra enseña, otro gamonal y otro engaño.
27 años presa estuvo Venezuela, eso sí, con “orden y progreso”; hasta la vieja deuda que un día viniesen a cobrarnos por la vía de la invasión punitiva, la pagamos completica y hasta plata nos sobró, luego de un ingente reparto del botín a sus nuevos salvadores. Pero “todo lo bueno tiene que acabar” y el líder trocado, una vez más, en gamonal, eso sí de charretera reluciente, botas pulidas y sable de borlas encarnadas, partió plácido en su cama como habría de corresponder a su “benemérita presencia”. Duro fue el camino de sus sucesores y sincero el intento por construir, más que una "República" o una "Patria", una "Nación" dónde fuese posible que todos compartieran un “ideal colectivo”. Cuando apenas parecía se saboreaban los frutos de esa construcción, tenía que llegar un nuevo "arreo de reinosos", con su carga de nuevas ideas y su recua de apetencias personales, acaso propias de un fenotipo oculto que parece remontarse a algún recóndito pretérito. Trunco quedó aquel esfuerzo, los apremios por “elegir y ser elegido”, por traer una “modernidad más moderna” que la exhibida hasta ahora, impuso un nuevo cambio, un nuevo norte y un nuevo líder carismático: Rómulo Betancourt Bello. Las mismas acusaciones de latrocinio, de oprobio, de abuso en quienes los precedieron e iguales promesas de vida mejor, salvataje de la miseria y justicia redistributiva. La cantaleta reminiscente de la Revolución Liberal, de la Restauradora, de la Rehabilitación, es más, la verídica realización del sueño bolivariano, viene con la Revolución de Octubre, auténtico apremio por la lucha por lo “venezolano” y por lo que le es propio: el pueblo venezolano. No hay duda, este vez si será lo que no ha sido y verdad lo que ha sido falso.
Tres años entre ruidos de sables, tableteo ocasional de ametralladoras e intentos de golpe, junto a acusaciones de latrocinio, peculado doloso, tráfico de influencias, violencia política, abuso y desprecio por el adversario, contra estos nuevos salvadores de la patria, que llevados al inicio de la mano de los militares, llegasen con sus cantos de sirena, caen al suelo de la derrota, luego de una nueva militarada. Y vuelven, en una suerte de “regreso al futuro”, los hombres de uniforme, hoy ya no con machetes y sombreros de hule, sino con rutilantes uniformes, tanques y aviones. Se inicia entonces el intento por construir un “Nuevo Ideal Nacional”, una suerte de “idea colectiva” de “motivación nacional” que anclada en las antiguas glorias patrias y una “identidad histórica común”, nos permita avanzar como "Nación", la "República es poética" y "la Patria romántica", pero sin embargo numen de la existencia de todos. Y como la cornucopia de la fortuna petrolera se derrama sin presa o represa, como río desbordado, hay “rial” para todo, pero sobre para todos. Pero ese “todo y todos” está limitado al entorno del gamonal militar, su oligarquía inmanente y su clase media tributaria. Los mismos que salieron pobres de la independencia, de las revoluciones intermedias, de la guerra larga, de las revoluciones de ocasión, de la Restauración, la Rehabilitación, la Transición, la Modernidad y de la Revolución de Octubre, parecen ser los mismos que siguen siendo pobres,a pesar de la danza de la fortuna petrolera de charretera y morrión. Similares los preteridos, símiles los olvidos e iguales las cargas criollas.
Y un día el gamonal se auto-convence de su necesaria permanencia en el poder. El afán por la democracia, la nueva religión política nacional, le obliga a hacer un remedo electoral que él, por su impronta, se ve imposibilitado de negar, pero, finalmente, hace remendar convenientemente para resultar ganador. Pero las viejas envidias, las apetencias emergentes, la pérdida de las alianzas poderosas y una crisis económica en ciernes que amenaza la fuente de “rial”, lo ponen en el trance de decidir si vive rico “en el exilio voluntario” o “muere preso” en su paraíso tropical caído. Que se vaya bien largo al carajo su “Nuevo Ideal Nacional”, definitivamente, "...en el mar la vida es más sabrosa...". Y de nuevo en una madrugada, se va el gamonal de turno, a bordo de una vaca no tan sagrada, cargada de mieles y pieles, oro y mirra, incienso y, por supuesto “rial”. Abandonado el trono, corre la voz como pólvora encendida: "córranle, mis compadres, que el palacio está solo". Y la nueva religión se impone. Los mejores votos, la voluntad de todos, el deseo colectivo, nos une en torno a la democracia, LA DEMOCRACIA: la nueva tierra del verde jengibre...o acaso ¿Un engaño más...? Cosas veredes...
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