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24 de noviembre de 2020

Nota breve para un hombre grande: Rómulo Gallegos Freyre

 

24 de noviembre de 1948; 24 de noviembre de 2020. Setenta y dos años del derrocamiento de Rómulo Gallegos Freyre, el primer presidente electo en Venezuela por el voto directo, universal y secreto en la historia republicana nacional hasta ese momento y el único, léase bien, el único Presidente Constitucional derrocado por un Golpe Militar, Pronunciamiento, Coup d’Etat o Putsch en la historia contemporánea de la república, en sana Teoría Política. El general Isaías Medina Angarita hubiese renunciado voluntariamente al cargo y el general Marcos Pérez Jiménez dejado el puesto en absoluto abandono.

Puesto el Presidente Gallegos en el predicamento de aceptar las peticiones exigidas por el Alto Mando Militar de entonces y habiéndose de plano negado, es sujeto de detención, defenestración y prisión en una instalación militar, las tres condiciones necesarias y suficientes para cumplir con las definiciones formales en Teoría Política, hoy día reconocidas plenamente y reiteramos: el Coup d’Etat francés, luego adoptado por el mundo anglosajón; el Pronunciamiento español; y, finalmente, el Putsch alemán. A los tres días es expulsado del país por la misma claque militar que lo depusiera, razón de más para ser calificado plenamente como “derrocamiento”.

En una historia cubierta por una suerte de manto “rojo” de absoluta deformación cognitiva, además sujeta a la memoria flaca de un pueblo mayoritariamente dotado de una proverbial ignorancia supina, enceguecido además por el hambre y la pobreza, características que lo colocan en un grave modo de supervivencia permanente,  valga la fecha para recordar a un hombre íntegro y honesto como Don Rómulo Gallegos. En tiempo de “pocos”, Rómulo Gallegos Freyre representa lo “mucho” que hemos perdido e inexorablemente nunca volverá. Sirva esta breve nota, al menos, para otear en un pasado cercano en tiempo, pero moralmente en las antípodas. 

21 de mayo de 2017

VENEZUELA CONTEMPORÁNEA: golpes, lenguajes y el discurso político militar.

A las puertas del sepulcro de la primera década del siglo XX, Venezuela ha traspuesto un cuantos lustros de contiendas civiles, con combatientes de a caballo, armados de lanza y machete; del “roba gallina” de pluma amarilla en el sombrero;  del caudillo decimonónico de “tabaco en la vejiga”; de revolución en revolución, saco y puñal mediante.

Sin embargo persiste, la evidencia empírica pareciera sugerirlo, la turbamulta política de origen castrense en la vida política venezolana, trocando el pendón acomodaticio de la informe montonera, por la elaborada práctica del Golpe de Estado. Fechas como el 19 de diciembre de 1908 y el 7 de abril de 1928; y ya andado el siglo, aquellas correspondientes al 18 de octubre de 1945,  el 24 de noviembre de 1948, el 23 de enero de 1958, el 4 de mayo y el 2 de junio de 1962, el 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992; culminando en la más reciente, esto es, el 11 de abril de 2002, son muestras palmarias de aquellas efemérides que pareciesen ser de mayor figuración en nuestro "calendario golpista venezolano", lo que no resulta óbice para mencionar, de pasada, la ocurrencia de múltiples de pequeñas intentonas a un mismo tenor y en el tiempo histórico contenido en el siglo XX, así como en los primeros años del siglo XXI.

El Golpe de Estado, expresión material de lo que Rómulo Gallegos llamó el “republicanismo del ademán y del gesto” ha sido actor singularísimo en las expeditas “soluciones” de las crisis sistémicas de lo político en Venezuela, y los militares, esto es, el Ejército Nacional en un tiempo, Fuerzas Armadas Nacionales en otro y hoy Fuerza Armada Nacional Bolivariana, árbitros de principal figuración en la jugada entre facciones en pugna, cuando no parte activa de ellas.

Una búsqueda incesante entre militares y civiles, unas veces los unos y otras veces los otros, ha creado asociaciones por conveniencia, donde dominan  los conceptos de “pueblo” y “patria” como sujetos protagónicos, definiciones que como lazos de futuro, amarran a agentes de ambos mundos, a saber, aquel de sable y uniforme, y el otro de traje de paisano (e inmerso en trance de banderías partidarias), ambos en pos de un objetivo: el Gobierno Nacional y el control del Estado.

Es posible argumentar, siempre empíricamente, que aquellos de traje de civil pero alma con charreteras, parecieran ir tras una expectativa de reivindicación de “pueblo” , esa suerte de constructo “ideal” al que pertenecen, en la vorágine del golpe, además de ellos y sus copartidarios, todos los que quepan en el saco de los “preteridos de siempre”  según sea la ocasión, los mismos que también, indefectiblemente, asumen la condición de víctimas a las que hay que salvar, a todo evento, de su inequívoco victimario: el gobierno en funciones. 

Comparte ese pensamiento, en una aproximación también empírica en este artículo, lo que definimos como "el civil ideólogo",  entendiendo a este como aquel que pergeña en ideas políticas una doctrina, así como todo el andamiaje teórico que la soporta, para racionalizar la necesaria acción de fuerza como única solución política para las “grandes mayorías postergadas”; tras ellos marcha "el civil romántico", aquel que con canciones alegóricas, enarbolar de banderas y carne expuesta ante el cañón rugiente, aporta la sangre para blasonar, con una enseña más convincente, tan expedita solución.

 Otra conceptualización, en el mismo orden de ideas propias, es aquella que caracteriza al  "civil político de oficio" - equivalente al que define Max Weber como aquel que vive “de y para la política” - y que en nuestra modelo, es quien calcula, azuza con su verbo encendido, pero a la vez procura una conveniente ruta de escape, junto a requiebros de madrigueras a retaguardia “porque la lucha, de sobrevenir la derrota, reclama de mentes lúcidas para su continuación”. Y cierra esta gama de protagonistas civiles, uno singular que definimos nosotros como "el civil negociante", esto es, el que se lucra, se lucrará o servirá de fuente de lucro para quien resulte ganador en el bando que “golpea” o, finalmente y por mampuesto, en el bando “golpeado”  que, dicho sea de paso y a pesar de la asonada, pudiera salir ileso y airoso.

Por la misma vía empírica, argumentamos que "el protagonista militar" en la acción de fuerza, viene vestido de “Patria”, esa otra creación impersonal y atemporal propicia para la contención de todo y de todos, acaso aquella misma construcción que Ramón Díaz Sánchez identificase como “creación romántica” en contraposición de la república como “creación política”. La Patria "siempre en peligro" y por consecuencia, "la impronta de su incuestionable padre: Simón Bolívar".

Y si la “Patria” peligra, peligra el “Pueblo” y, por consecuencia, peligra la institución armada, cuya sangre "es la savia del pueblo”. "El soldado", con independencia de su rango, personifica ese quinto protagonista militar y como los cuatro anteriores, pudiese gravitar en mundos distintos de intereses posiblemente contrapuestos, a saber, la lógica defensa de la amada “Patria”, "su razón de ser y de existir", creída en peligro; la defensa de sus propios intereses profesionales a través de la “Patria”, es  decir, de una “Patria” que los favorezca; sus intereses pecuniarios disfrazados de amor conveniente a la “Patria”; o, acaso y finalmente, el odio a sus superiores, aquellos que, indefectiblemente, representan la patria que no favorece, ni persigue la misma idea de “Patria”, numen de sus deseos o a la “Patria” que no lo favorece en lo estrictamente personal.

Son estos cinco protagonistas construidos, reiteramos, como definiciones empíricas en el presente artículo, los que estimamos se encuentran en ese "nódulo de conflictoque representa el golpe, antes, durante y luego de su ocurrencia. Y los agentes, sean militares o civiles, obedecen a un pensamiento político, pensamiento que se hace discurso, discurso que se convierte, como afirma el profesor J.G.A Pocock, en conjunto articulado de actos del habla.

Ahora bien, la evidencia empírica también parece sugerir que desde la deposición del general Cipriano Castro por el general Juan Vicente Gómez (19 de diciembre de 1908) hasta el golpe de Estado intentado contra el Presidente Hugo Chávez (11 de abril de 2002)  no ha existido asonada, intento de golpe o golpe que no esté dirigido por soldados, aunque con posterioridad ese comando quedase soterrado por la figuración civil, colocando a la fuerza militar bajo un mando colegiado o de estricto carácter civil. Durante la dirección castrense (y luego de esta, sea que el intento termine en victoria o derrota) pareciera producirse un necesario discurso de origen militar, encarnado acaso en proclamas o comunicados.

En tal sentido cabe preguntarse ¿Es el discurso de los agentes castrenses involucrados en los golpes de Estado en Venezuela un discurso propio, único y estructurado por actos de habla equivalentes o semejantes más allá del tiempo histórico de su ocurrencia? ¿Es esta equivalencia, si existe, producto de la naturaleza de clerecía que toda corporación militar tiene o acaso resultado derivado de algún lenguaje pre-existente? ¿Es el resultado de una relación civil y militar condicionante e histórica, previa al golpe o nace de manera espontánea del propio seno del mundo militar con la anuencia - o acaso conveniente complacencia -  del sector civil que participa en y de la asonada?

Será en los artículos subsiguientes que pretenderemos dar respuesta a esas interrogantes, acotando sin embargo nuestra investigación al examen de un conjunto específico de documentos públicos de, a su vez, un conjunto igualmente específico de golpes de Estado, hayan sido exitosos o no. Los golpes o rebeliones (y los documentos públicos que de ellos se derivan) que representan la muestra sujeta a estudio, a saber, aquella que tuvo lugar el 18 de octubre de 1945, conocido a posteriori como Revolución de Octubre; luego, el protagonizado por la Fuerzas Armadas (más bien el alto mando de entonces) y que diese origen al llamado Gobierno de las Fuerzas Armadas, el 24 de noviembre de 1948; de seguidas, el golpe mediante el cual se pone fin al gobierno de las Fuerzas Armadas, mismo que tiene lugar el 23 de enero de 1958; se continua con los golpes-rebeliones militares del 4 de mayo y el 2 de junio de 1962, conocidos luego como El Carupanazo y El Porteñazo respectivamente; luego, las asonadas militares del 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992; y se culmina con el golpe del 11 de abril de 2002. Vayamos pues a su encuentro...





20 de marzo de 2017

El gobierno provisorio de 1958... Introducción.

En la historia política contemporánea de Venezuela, si nos detenemos en el tracto temporal que discurre en los últimos ochenta y dos años, hay hitos que la gente recuerda (posiblemente una honrosa minoría) con particular claridad. La muerte del General Juan Vicente Gómez y la llamada “Transición” que devino luego, al frente de la cual “tócale en gracia” al General Eleazar López Contreras estar. La renuncia del General Isaías Medina Angarita y la “Revolución” (bautizo adeco mediante) sobrevenida el 18 de octubre de 1945. La caída del primer Presidente electo por vía universal, directa y secreta, el 24 de noviembre de 1948: el maestro, novelista y hombre de integridad indiscutible Don Rómulo Gallegos. Y, finalmente, por llegar solo hasta 1958, el abandono del puesto por parte del  General Marcos Pérez Jiménez, evento que hizo sobrevenir otra suerte de “fantasía revolucionaria” hecha realidad a fuer de tanto decirlo, más ciertos acontecimientos posteriores que permitieron ratificarla.

La evidencia empírica parece demostrar que la inmensa mayoría del país, sobre todo los más jóvenes, incluso los que tuviesen corta edad para 1958 (a menos que se haya sido “sufriente directo”), poco recuerdan el gobierno que discurrió entre el 23 de enero de ese año y el 13 de febrero de 1959, día de la toma de posesión del segundo Presidente Constitucional de la República de Venezuela, electo en comicios libres, directos y secretos para el año referido: Rómulo Betancourt Bello. Algunas personas tal vez piensen que se trató de un tiempo breve, en el que se vivió una suerte de "luna de miel" entre partidos, no hubo grandes acontecimientos que mencionar y los Presidentes Provisionales de ese período (Contralmirante Wolfgang Larrazábal y Doctor Edgar Sanabria), solo hubieron de enfrentarse a los avatares “normales” de una gestión “de facto” mientras se alcanzaba la tan ansiada “constitucionalidad”.

Los artículos que en lo sucesivo publicaremos, descorren el velo sobre esas apreciaciones. El asunto de la “Unidad Nacional” en pos de la preservación de la “construcción democrática” en ciernes. Las intentonas y las culpas. La otra cara económica del “Nuevo Ideal Nacional” y el rostro cotidiano del peculado. Las apetencias, las dudas y las expectativas. Las esperanzas y las “fantasías”. En fin, una historia que acaso, en algunos de los aspectos mencionados, viniese a colación respecto de los tiempos que hoy se viven. Ya tendremos la oportunidad de “mirarnos” en su discurso político, además con el imponderable valor de haberse producido en ese tiempo, hecho constatable gracias a la recopilación de editoriales, exordios, intervenciones y artículos de prensa que hiciese el Doctor Numa Quevedo, miembro de la llamada Junta Patriótica y a quien tocase, durante ese gobierno, la importante responsabilidad de ocupar el Ministerio de Relaciones Interiores.

Para quienes se acerquen a este blog y tengan la gentileza en detenerse para leernos, delicadeza que sabemos algunos de los paseantes por estos predios cibernéticos, han tenido con este humilde investigador de la historia política de Venezuela, acaso experimenten la misma sorpresa que, hace ya más de cincuenta años (1965), un servidor experimentase al tomar contacto con los documentos recopilados por el Doctor Quevedo, abogado trujillano de amplia trayectoria jurídica y de particular respeto entre los juristas de su generación, a quien además de ocupar la cartera referida en 1958, como informáramos previamente, tocase ser Ministro del Trabajo y Presidente del Estado Trujillo, durante el gobierno del señor General Isaías Medina Angarita (1941-1945).


Si usted es venezolano y llegase hasta aquí, recuerde que no hay, no ha habido y nos atrevemos (posiblemente por aquello de los “abriles sobrevividos”),  a afirmar que no habrá tracto de nuestra historia política donde no hayan existido “conflictos de cualquier naturaleza”, “tiempos difíciles” y “sorpresas desagradables”. Los únicos que no viviesen esos altibajos, quizás hayan sido aquellos a quienes hubiese tocado en turno, hacer parte de los “prebendados” o estar próximos a “las vecindades del poder”, al menos mientras este hubiese sobrevivido (el poder) sin tropiezos o irremediablemente caído, discreta o estrepitosamente. Solo ellos pueden sucumbir a la tentación de decir, amparados en esa meliflua expresión común, que “todo tiempo pasado fue mejor”. En los países débiles institucionalmente, siempre hay alguien que “goza ganando” mientras otros “sufren perdiendo” y desafortunadamente en el nuestro, los segundos  siguen siendo la gran mayoría. Las ocurrencias en nuestra historia parecen demostrarlo, al tiempo que la noria política sigue, pausadamente, lo que parece ser su inexorable marcha cíclica. Así que si usted es un postor a la cosa pública o a la vida política como quehacer (o tal vez conoce alguno):… ¡Carpe diem!...porque aquí nunca se sabe…