2 de abril de 2020

UNA INTERESANTE “CURIOSIDAD HISTÓRICA”…


En biografía que escribiese el Doctor Antonio García Ponce, de mí siempre admirado y dilecto general Isaías Medina Angarita, corre inserta una anécdota que podríamos calificar de “curiosidad histórica” muy propia además de nuestros Andes venezolanos y en la que se sirven cruzar tres caminos vivenciales, con acaso poca o ninguna relación original, salvo los avatares de nuestras propias guerras civiles decimonónicas, bautizadas con altisonancia como “Revoluciones”. El 29 de septiembre de 1870, en plena ocurrencia de la “Revolución Azul”, el general José Escolástico Andrade, viejo prócer de la independencia, conservador sin cortapisas, zuliano por nacimiento y merideño por adopción, se apresta a defender con 500 “azules de armas tomar” los predios históricos libertarios de la ciudad de Trujillo.

Como atacantes y enviados por el “curioso” general Matías Salazar, jefe del Ejército Federal, quien así lo ha ordenado al jefe regional, general Rafael Daboín, van dos líderes militares al mando de 1.500 liberales amarillos, reputados además de “guzmancistas” al mejor estilo de aquellos “liberales de Antonio”. Son el general José Rosendo Medina y el coronel Manuel María Contreras, el primero coriano y el segundo caraqueño, pero arraigados en la región andina, siendo prolíficos fundadores de familias, ambos en la ciudad de San Cristóbal y regiones circunvecinas. Las señoras, hijas e hijos de ambos oficiales, son descendientes directos de antañonas familias locales, nacidas y radicadas bastante tiempo atrás, en esos corredores andinos, cornucopia de costumbres, arrestos y arreos militares. En encarnizado combate defiende el general Andrade la plaza y atacan con furia los jefes Medina y Contreras; derrotados al fin, los “azules” defensores rinden la plaza, no sin antes cubrirse de la gloria que otorgan el coraje, el arrojo y la valentía, además de la sangre inútil que de costumbre las acompañan.

El combate en referencia sería otro más en la larga historia venezolana del siglo XIX, plétora de revoluciones, reyertas y alzamientos armados, pero resulta que allí, casualmente, coinciden sin esperarlo y como ya señaláramos en líneas previas, los generales Medina y Andrade, así como el coronel Contreras: el primero, padre del general Ignacio Andrade, quien será Presidente de los Estados Unidos de Venezuela, entre 1897 y 1899, esto es 27 años más tarde. El coronel Manuel María Contreras, será el padre del general Eleazar López Contreras, quien también ejercerá como Presidente de los Estados Unidos de Venezuela, entre los años 1936 y 1940, 66 años en el futuro de aquella mañana trujillana. Y, finalmente, “last but not least”, el general José Rosendo Medina, quien será el padre del también general Isaías Medina Angarita, 71 años en el horizonte histórico de aquella acción de armas, Presidente de los Estados Unidos de Venezuela, como apenas atrás indicásemos, entre los años 1941 y 1945. Tres combatientes de altura, quienes posiblemente jamás hubiesen llegado a imaginar en vida, a alguno de  sus hijos siendo Primer Mandatario Nacional de y en aquella patria criolla, “la mismita” que tanto amara el principal de sus señeros guías tanto en el pensamiento como en la acción cotidiana: Simón Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios y Ponte.

Andrade, Contreras y Medina no llegarán a ver a aquellos niños crecer: los tres morirán antes, en combates diversos en aquellas montañas, acaecidos a lo largo de nuestras guerras intestinas. A resultas de su desaparición física, los muchachos serán levantados y educados por padres putativos, en las personas de tíos, hermanos mayores, padrinos o denodadas y sacrificadas madres, como resulta lógico suponer, en este viejo matriarcado que fue, ha sido y será nuestra patria. No en balde su nombre, el nombre como la distinguimos tanto propios como extraños, cuadra más como nombre de mujer: VENEZUELA…...Siempre sola, desamparada y esperando inútilmente, pero jamás flaqueando en su dura lucha cotidiana por levantar su prole en abandono, fuese voluntario o no… ¡Viva mi Patria querida!

15 de febrero de 2020

De cañones, civilización y barbarie: José Félix Mora versus Antonio Paredes


A esta especie de agujero negro al que avanza inexorable Venezuela, bajo la tripulación de hampones que hoy la dirigen, tanto del gobierno como de la oposición que le es afín o bien lo confronta (unida a una suerte sector privado que, peor que el que alguna vez tuvimos, se solaza en una riqueza mal habida en buena parte de su extensión), lo caracteriza la existencia de un vórtice central con una inexorable “dinámica de sumidero”  y en el que toda clase de personajes aparecen en sus volutas desde distintos ángulos de nuestra historia.

Así como hoy vemos la mediocridad rampante en cualquier espacio, no podemos más que, por vicio ínsito de investigadores, mirar hacia nuestro pasado histórico, “retablo de maravillas” que siempre nos ofrece un cuadro aleccionador. Y allí casi invariablemente, encontramos la eterna lucha de la civilización contra la barbarie, y, por oposición, de la barbarie contra la civilización, hoy, acaso, más palpable que en todos los tiempos previos, especialmente cuando escuchamos al inefable de nuestro Primer Mandatario Nacional.

Hoy traemos un recuerdo; uno de esos recuerdos olvidados y sujetos de rememoración por quienes dedicamos buena parte de nuestro tiempo a esculcar, por oficio honroso, nuestra historia política patria. Traemos, como ya avisásemos, tres personajes, a saber, el general Joaquín Crespo Torres, su compadre, el aguerrido general José Félix Mora y al valiente general Antonio Paredes. El primero, acólito del Ilustre Americano, luego su ungido y más tarde, por aquello de las veleidades del poder, su agraz enemigo; héroe del deber cumplido y prócer de su propio legalismo; astuto y sagaz, corajudo lancero de primera línea, era sin embargo lento en habilidades intelectuales y, en consecuencia, “alérgico a los doctores”, así como a todo lo que no fuese de arriero origen. Más amigo, reiteramos, de las lanzas, los caballos, la buena y surtida mesa criolla, Crespo era también bien opuesto a todo aquello reputable de “oligárquico” (muy similar a estos rojos de hoy), vale decir, todo lo que sea blanco, bonito, culto y rico, es oligárquico por naturaleza; lo que obedezca a esas características y sea “liberal”, lo es “por merecimiento” o por “revelación revolucionaria divina”. En suma: Crespo ve “godo”, todo lo que no le gusta o no cuadra a sus intereses.

El general José Félix Mora, luego de la Revolución Legalista que lleva a Crespo por segunda vez al poder, ha marchado con el llanero general desde los tiempos de la Guerra Larga y luego de la Legalista, “El héroe del deber cumplido” lo ha hecho general de generales, vale decir, su ungido a toda ley. Mora es un zambo, alto, grande y machetero, quien, no obstante su elegancia natural y magnífico buen vestir, es, para su gracia, repetimos, zambo y machetero, lo que lo hace “vale" de Crespo. Carabobeño, Crespo lo hace nombrar Presidente del estado Carabobo para horror de la vieja oligarquía valenciana, quien no obstante las sedas, los algodones y casimires del general negroide, detesta a Mora y Crespo lo sabe, por eso se lo hace a propósito. Mora también es astuto pero culturalmente bien escaso y eso le escuece el alma. Ese maldito y viejo resentimiento (que nos persigue hasta hoy y del que los “rojos maduristas” hacen gala cotidianamente), cocinaba a fuego lento las entrañas de Mora. Y es aquí, en este momento de nuestra narración, que hace su entrada el también aguerrido general Antonio Paredes.

Paredes, blanco, de buena impostura, culto, políglota además, es descendiente directo del general José de la Cruz Paredes, héroe de la gesta emancipadora. Por si fuera poco, es hijo del también general Manuel Paredes, figura liberal de la Guerra Larga, lo que lo convierte en parte singular de las entonces “ínclitas familias valencianas”. Antonio se ha ganado sus grados militares en la guerra, no obstante su juventud, por coraje, arrojo y astucia; también y por paradoja, al lado de Crespo en su Revolución Legalista. Durante los combates propios de la confrontación armada, hace actos heroicos que denotan gran pericia militar y Crespo conoce de ellos, pero se hace más eco de los corrillos en contra del carácter levantisco del joven guerrero. Fructifican malignamente más el chisme y la indisposición de ánimo por el  discurso maldiciente, sobre todo después que Paredes hace saber públicamente que Crespo es un caudillo militar que “parece no querer derrotar definitivamente al enemigo”, un enemigo que, por cierto, parece “no querer derrotar definitivamente a Crespo”. El joven valenciano como el también general Juan Pietri, parece haber entrado en esta nueva turbamulta por aquello de los “sentimientos puros”, tras la eterna obsesión revolucionaria de “cambiar las cosas, de una vez y para siempre, por el bien de la Patria”, clase de Valhala mil veces perseguido y jamás alcanzado por todo movimiento político nacional auto bautizado “Revolución”, sin identificación de tiempo ni espacio.

Y uno de los más importantes sueños de Antonio, es entrar con Crespo triunfante a la capital de la República, para demostrar al enemigo inmoral que, más temprano que tarde y sin importar la exposición a la muerte, “los buenos siempre triunfan”. No ocurre; Crespo lo deja al mando del castillo de Puerto de Cabello, una ruina militar de tiempos coloniales, que languidece víctima de la proverbial  incuria nuestra, viva y presente aún hoy, porque pareciera sernos ínsita en todo lugar y todo tiempo. Paredes no se arredra; emprende la tarea imposible de tratar de “acomodar áreas importantes” del castillo: la prevención y la oficina del comando. Envía inútilmente cartas a Caracas pidiendo recursos: nunca le responden. Una vez se lo hace saber a algún “propio de Crespo” y recibe por respuesta el eterno: “pa’ eso no hay rial”. Y un día, pasando revista con el jefe de artillería de la vieja guarnición, descubre un cañón del siglo XVI que, acaso por su venta, pueda obtener, por propia cuenta y riesgo, los recursos necesarios para emprender sus reformas. Mientras, el general José Félix Mora ha tratado de defecarse en Paredes, por más de una vía, imponiendo su condición de acólito de Crespo y primera autoridad del estado Carabobo. Paredes responde a todas sus arbitrarias intervenciones con un retornelo casi obsesivo: “soy autónomo de usted, solo recibo órdenes del Ministerio de Guerra y Marina, y de mi general Crespo”. El zambo se encoleriza pero no puede con Paredes. Y el viejo resentimiento se clava como espina en un costado. Mora tiene que ver caer a Paredes y le manda a espiar con los cuasi eternos espalderos a sueldo.

Paredes, mientras, pide permiso para vender la pieza de artillería; no se lo otorgan pero tampoco se lo niegan. Resuelve enviar a Caracas a su jefe de artillería y este, de vuelta, le trae una respuesta verbal y escueta: “…que dice mi general Crespo que venda esa vaina…” Y Paredes, quien como el tigre come por lo rápido, va y le vende el cañón a un chatarrero de Curazao y con los reales, comienza su remodelación interna. Pero Mora está al acecho y “monta un drama por la venta del cañón”, mismo que identifica (valiéndose de unos expertos “a su servicio”) como una valiosa pieza de artillería del Siglo XVI, que hubiese sido utilizado por el propio Rey de España en una muy importante batalla. De hecho lo identifican como “el gran cañón”, el propio, una suerte de “Burrón” de ese tiempo, que se hubiese perdido "en los intersticios misteriosos de la historia”. Y Mora va y se lo dice a Crespo, a resultas de lo cual se abre una investigación y se destituye del mando a Paredes. Se le declara culpable y se le sigue un proceso ominoso y humillante. Oligarquía valenciana (fuese goda o liberal) entra en cólera, pero el proceso continúa. Pero Crespo, en suerte de “iluminación” sugerida por el general Velutini, exige el nombramiento de una comisión militar independiente de expertos para determinar si la pieza de artillería vendida, ciertamente se trata de aquella suerte de “santo grial de las culebrinas” citada en tanta y variadas ocasiones por los “expertos de Mora”. Así las cosas, Paredes, ya preso, aguarda su sentencia, pesando además sobre él, una posible pena de extrañamiento del país.

Y, dicho y hecho, la comisión militar de expertos, que preside el propio general Velutini, demuestra que el cañón vendido es “una piazo e’culebrina, hecha de una aleación de bronce y hierro” normal y corriente, una especie de antigualla inservible que, además, no data del siglo XVI, sino, como muy vieja, data de las postrimerías del siglo XVIII, habiendo estado, desde los tiempos de Bolívar, prácticamente abandonada por inservible en el mismo sitio de donde la desmontara Paredes.  A resultas de aquella averiguación, el Consejo Militar declara inocente al general Antonio Paredes, dejando absolutamente clara su absolución de toda falta o delito atribuible a la venta del cañón de marras. Mora se consume en su criolla y resentida calentura, pero esta vez, el zambo no pudo con “el blanquito” Paredes. Inútil confrontación fruto más de una envidia imposible de vencer, más que de la razón y la justa argumentación jurídica, en protección de la integridad de los bienes de la República.

Una vez más, como en muchas e inúmeras ocasiones en nuestra historia política patria, civilización y barbarie, barbarie y civilización, se encontraron en su eterno combate criollo. Y el negro Mora, en una noche linda valenciana, hubo de devolverle sus corotos (aún esta palabra no existía, pero nos tomamos la licencia criolla de utilizarla solo a los fines del relato) al recio Antonio Paredes. Por cierto el negro Mora jamás entendió nada acerca de reyes de España, batallas o piezas de artillería con impronta, pero de “venganza y jodienda”: de eso sí, mi hermano…Más tarde arremeterá de nuevo contra el guerrero valenciano, casi con la misma tenacidad que en sus muy afamadas "cargas de acero machetero"...DIOS y FEDERACIÓN...

4 de enero de 2020

El espejo "electoral" de la historia política patria: reflejos pedagógicos.1897 - 2020


2020, querámoslo o no, trajo un nuevo proceso electoral, convocado, a reiterada solicitud, por nuestro inefable Presidente Obrero. Hoy estamos viviendo los "acontecimientos en pleno desarrollo" y que no se ofenda el tuerto fablistán uruguayo, por el uso sin permiso de su frase de marras, porque más a propósito: imposible. Estamos acostumbrados a las “prestidigitaciones electorales” de estos señores “rojos-rojitos”. 

En otro orden de ideas, no pocos compatriotas, por su supina ignorancia, especialmente en relación a nuestra historia patria, suponen tales abusos y arbitrariedades “muestras únicas” de esta gleba narco y que socialista, empotrada por fuerza en el poder político y en los tiempos venezolanos que corren. El espejo de nuestra historia política provee reflejos pedagógicos que acaso sirvan para dos propósitos: el primero, como evidencia empírica (posiblemente inconfutable) que “no todo tiempo pasado fue mejor”. El segundo, que las malas prácticas para perpetuarse en el poder político y su usufructo, al menos en Venezuela, pareciesen no ser privativas de esta deleznable banda carmesí que hoy nos dirige; antes por el contrario, lucen venir rodando desde nuestra pretérita impronta, como herencia poco apreciada para algunos, pero como legado político para todos y que pareciera inevitable sufrir al fin. Vayamos a su encuentro.

El 1º de septiembre de 1897 se llevó a cabo un proceso electoral en el país, que, previamente y durante la campaña electoral de los candidatos en liza, parecía prometer un “final feliz” en muchos y variados sentidos. En primer lugar, podía decirse al final de la campaña y por el respeto mostrado por el Ejecutivo Nacional hacia los contendores, que las viejas costumbres autocráticas habían llegado definitivamente a su fin, arribando Venezuela a la condición de país “civilista” y por tanto “civilizado”. En segundo término, que la vieja promesa política del “sufragio libre”, enarbolada en las banderas de un Ezequiel Zamora vengador, durante la Guerra Larga, tendría al fin correlato material, al ser promulgado y ratificado definitivamente como derecho en la Constitución de 1893. Finalmente, que los tiempos de las montoneras sangrientas, propias de gamonales en defensa de sus intereses regionales particulares, quedarían, de una vez y para siempre, defenestrados, virtud de este ejercicio libérrimo del derecho político ciudadano.

Concurrían a aquella contienda cinco candidatos. En principio, el general Ignacio Andrade, representando la facción dominante, vale decir, el “candidato” del general Joaquín Crespo Torres, Héroe del Deber Cumplido, el Taita, el hombre fuerte de la República y, por supuesto, Presidente de los Estados Unidos de Venezuela. La segunda opción, con bastante chance por cierto, era representada por el Partido Liberal Nacionalista, en la persona del díscolo y curioso general José Manuel Hernández, mejor conocido como “El Mocho”, héroe de Orocopiche, manco de Los Lirios y señor de afanes levantiscos, quien, según nos narra el Doctor Ramón J. Velásquez  “…contaba con partidarios en Carabobo, Lara, Zulia, los Andes y Guayana…”[1]. Iba de tercero en esa carrera, pero con poco chance, el Doctor Juan Pablo Rojas Paúl, ex-presidente de la República y mejor conocido entre la gente (especialmente los caraqueños) como cara e’gallina, hombre de muchas dudas en torno a sus “muy mudables lealtades” pero “aún amarillo” en cuanto a sus creencias liberales y, en consecuencia, dudoso él del “amarillismo” de Andrade. Iba en esa contienda como cuarto candidato, el general Francisco Tosta García, héroe militar de su tiempo, hombre de particular impostura, escritor, periodista y, por añadidura, también adversario militante de Andrade por su pasado conservador y, por ende, según Tosta, “poco confiable”. Finalmente, abanderado del novel socialismo en nuestra tierra, promovido por una naciente organización política conocida como Partido Popular, el general, poeta y escritor Pedro Arismendi Brito.

La parla popular caraqueña habría acuñado su respectivo lema, respecto de los “intereses” de cada uno de ellos: Andrade iría tras “las mesas” (electorales, se entiende); Hernández tras “las masas”; Rojas Paúl, con fama de “curero”, lo haría tras “las misas”; Brito, poeta al fin, tras “las musas”; y, finalmente, Tosta, rochelero y con fama de galán, tras “las mozas”. La mesa estaba servida entonces y el pueblo “en masa”, acudiría a “las mesas" electorales a depositar su voto “por el candidato de su preferencia”, a los fines de la escogencia de sus magistrados, como corresponde a un "pueblo libre", de "impronta republicana" y bajo "el imperio de la ley". El 31 de julio de 1897, al despuntar la noche, obscuros figurones fueron aproximándose a Caracas, enfundados en gruesas cobijas, armados de revólveres, sables y machetes, con el objeto de tomar las plazas públicas, lugares emblemáticos dónde tendría lugar el proceso eleccionario. En otros predios nacionales, se procedió a la recluta forzosa de hombres jóvenes “ante cualquier eventualidad” y una combinación de soldados y fuerza pública, al servicio de alcaldes y jefes civiles, se sirvieron tomar los registros electorales y las mesas de votación. 

El “crespismo” por órdenes directas del señor general Presidente de la República, se servía “tomar por motivos de seguridad pública” los espacios dónde tendrían lugar las elecciones presidenciales. Acota el Doctor David Ruiz Chataing, en su biografía del general Ignacio Andrade, que la mesnada armada crespista “…impidió a los adversarios hacerse representar en las mesas de inscripción y votación, así como en las Juntas Inspectoras de las Inscripciones y Registro Electoral… (…) y con el apoyo de las autoridades, votaron repetidas veces los asustados hombres del campo, falseándose el “sufragio popular”…”[2]. El voto de esos “asustados hombres de campo” fue obligatoriamente consignado a favor del señor general Ignacio Andrade (sable y revólver en  mano mediante, portados por buena parte de sus conmilitones), candidato del también señor general Presidente Joaquín Crespo Torres. El editorial del 2 de septiembre de 1897, correspondiente al periódico El Pregonero, relata algunas de las incidencias de aquel proceso electoral, específicamente en la ciudad de Caracas y en los siguientes términos:

“A las 12 de la noche ya las plazas estaban ocupadas semimilitarmente y desde esa hora hasta la 5 de la mañana acabaron de entrar a la ciudad todos los que habían de votar con los de la ciudad en las mesas del Distrito Federal. Notábase que la mayor parte de esa recluta electoral llevaban (sic), ostensiblemente, armas. Muchos de ellos espadas, revólveres y machetes los más, medio escondidos debajo de la cobija que les colgaba del brazo. A su frente se encontraban conocidos jefes civiles, oficiales y comisarios de Aragua, de los pueblos de los Altos, de Los Teques, Carrizales, Baruta, Cortada del Guayabo, Altos de Mariches, Guarenas y Santa Lucía.”[3]

Electores de otras regiones, armados “ostensiblemente”; intimidando a los electores de la oposición política y “movilizados” por el crespismo para impedir el desarrollo natural y libérrimo del proceso. Continúa el editorial de El Pregonero:

“A varios jefes civiles de las parroquias se les hizo presente la ley de elecciones por la cual los electores debían votar en su respectiva parroquia. Del  mismo modo se les pidió el desarme de los grupos acampados en las plazas, pues su actitud amenazante no convenía al ejercicio de un derecho político en que la ciudadanía no tiene otra arma que el derecho al sufragio. En las parroquias de San Juan, Altagracia, La Pastora, Santa Teresa y Santa Rosalía, sucedía lo mismo que en Catedral: fueron rechazados los grupos antagónicos a Andrade que querían votar.”[4]

Otro diario capitalino, esta vez El Tiempo, también en su editorial del 2 de septiembre de 1897, desliza:

“El atentado político que presenció ayer la capital, es la solución que siempre ha dado el partido (liberal amarillo) a los problemas políticos. Examinemos el asunto con relación a los jefes civiles, obligados por la Ley a orientar y defender a los vecinos del municipio, en relación al derecho natural violado por la invasión de ciudadanos armados de otros distritos, y los andradistas incapaces de tener electores en Caracas, los traen de Miranda e invaden con ellos, a media noche la capital, ocupan las plazas públicas señaladas por los jefes civiles para realizar la elección y entonces rechazan a los que, en grupos pacíficos, llegaron a la hora precisa sin divisas, garrotes ni machetes a ejercer el acto legal más importante que pueda realizarse en una República.” [5]

Y continúa en tono más grave y acusatorio:

“Con las mesas electorales ocupadas por gente armada, el sufragio quedaba, de hecho, anulado, las garantías constitucionales violadas y desconocida la organización democrática de la República. Como el candidato Ignacio Andrade desempeñó en los últimos meses la Presidencia del Estado Miranda, reclutaron gente en Guarenas, Guatire, Santa Lucía, Los Teques y peones de todas las haciendas de esa región. Se trataba de un asalto brutal de los forasteros sobre Caracas, pues no podían triunfar legalmente. Con este golpe prueba la oligarquía amarilla que no respeta el derecho ajeno, que no acepta los comicios conforme a la ley y que está dispuesta a dominar el país por las malas y aunque el país los rechaza.”[6]

Ciento veinte y tres años nos separan de aquellos acontecimientos. Estampas parecidas a las narradas, especialmente en los editoriales de los diarios El Pregonero y  El Tiempo, por testigos presenciales además de aquellas enojosas circunstancias, nos han rodeado en casi todo el acontecer electoral que hemos vivido en Venezuela desde el año 2014. Seis años ininterrumpidos de gente armada, intimidante, de comportamiento total y absolutamente violatorio de los derechos políticos ciudadanos, consagrados además en el ordenamiento constitucional y electoral vigente, impidiendo además el ejercicio del voto por todos los medios o ejerciéndolo en lugares, mesas y tiempos no cónsonos con la ley, son parte de nuestra realidad electoral hoy. Pareciese una suerte de herencia maldita o el recurso inevitable de los que persiguen su perpetuación en el poder político, a todo trance y evento. 

Acotamos la existencia de este pasado, para que sirva de enseñanza a todos nosotros en estos tiempos de obscuridad y para que, de una vez y para siempre, tengamos clara una verdad catedralicia, esta es, que el poder no es un simple espacio o ejercicio común del dominio de unos sobre otros: el poder es una enfermedad capaz de producir los comportamientos políticos más abyectos. Imposible evitar su acción contaminante…Preparémonos para otro episodio más de ignominia y oprobio, porque esta oligarquía roja, como su par amarilla de hace más de un siglo y así lo afirmase el editor de El Tiempo entonces: “…no acepta los comicios conforme a la ley…y está dispuesta a dominar el país por las malas, aunque el país la rechace.”



[1] Velásquez, Ramón J; Joaquín Crespo, el último caudillo liberal. Tomo II. BIBLIOTECA BIOGRÁFICA VENEZOLANA. EL NACIONAL.BANCO DEL CARIBE. Caracas, 2010. Pág.107
[2] Ruiz Chataing, David; Ignacio Andrade. BIBLIOTECA BIOGRÁFICA VENEZOLANA. EL NACIONAL. BANCO DEL CARIBE. Caracas, 2010. Pág.55
[3] Velásquez…Op.Cit…Pág.109
[4] Velásquez...Idem…Pág.110
[5] Velásquez…Ibíd…Pág.111
[6] Velásqueza…Ibíd…Pág.112

10 de diciembre de 2019

Relaciones internacionales y crimen organizado: ¿Quién decide y cuáles los protagonistas?


Estas líneas no guardan relación directa con nuestra historia política nacional, pero bien podrían estar condicionando sus discurrir actual. Fruto de una ponencia fallida, no queríamos perder el planteamiento que recogen, por considerarlo estratégicamente fundamental hoy día. Ruego a quienes tienen la gentileza en leernos, sepan disculpar estas reflexiones en apariencia “desubicadas” en este espacio, pero las circunstancias apremian, en este tiempo en que “la nada” amenaza con apropiarse del “todo”…

¿Cómo se relacionaban los Estados entre sí? ¿Cuáles eran sus figuras protagónicas? ¿Dónde estaban, al menos aparentemente, cada una de ellas? ¿Cómo eran las relaciones entre la criminalidad y el Estado-Gobierno, específicamente en las postrimerías del siglo XIX y principios del siglo XX?

Más allá de que sabemos empíricamente que algunos Estados-Gobiernos del mundo, alguna vez en su historia, se valieron de bandas delincuenciales para la comisión de una variada gama de actos, que favoreciesen sus intereses políticos y/o pecuniarios en momentos determinados, hasta bastante entrado el Siglo XX las organizaciones criminales (si las había) estaban “allá” y los Estados-Gobiernos estaban “aquí”, esto es, existía un evidente “AQUÍ” y un indiscutible “ALLÁ”.
Estados-Gobiernos, patrias, leyes, política, líderes, fuerza pública y ciudadanos “observantes de la ley”, estaban claramente separados de criminales, contrabandistas, asesinos y delincuentes de baja ralea. En suma: estaban definidos los límites.

Y no había ninguna duda: las relaciones diplomáticas, políticas y comerciales entre naciones, las conducían sus gobiernos, mandatarios, políticos de oficio y, eventualmente, empresarios. Podía resultar hasta cierto punto natural que, de existir, las injerencias, viniesen de grupos de poder económico, religioso, militar, político y/o ideológico, pero no de bandas u organizaciones criminales. La realidad relacional, desde nuestra óptica investigativa, parece haber empezado a cambiar luego de la aparición formal de las organizaciones mafiosas propiamente dichas. Y, en tal sentido, presentamos el caso específico de las organizaciones criminales italianas en los Estados Unidos de América, surgidas a comienzos del siglo XX. Como consecuencia de ese nacimiento, se crearon y fortalecieron importantes organizaciones de la fuerza pública estadounidense, para defender la ley, la institucionalidad, además de proteger y servir a los ciudadanos. Paralelamente, se fue desarrollando un espécimen para quien cualquier negocio, especialmente aquellos fuera de la ley, resultaban perfecta y absolutamente posibles…

El mando y la riqueza, atributos “merecidos” de los tipos de su clase, especialmente de aquellos que fungiesen como jefes; el reconocimiento ciudadano, gesto y acción obligatoria por parte de toda la comunidad, so pena de un daño corporal o, en el peor de los casos, una muerte indigna; y, finalmente, la figura del hombre trabajador, arquetipo del tonto útil, que más que admiración y respeto, debía merecer completo desprecio…Este espécimen delictivo fue conocido (y se conoce hasta hoy) como “The Wiseguy”.  Y es con la aparición del “wiseguy” que se van fortaleciendo los grupos criminales sofisticados en los Estados Unidos, dando origen a afirmaciones como las que a continuación citamos (*):

“La mafia (…)  se ha entendido, desde hace más de un siglo, como una forma de poder criminal que reproduce o remeda elementos del poder estatal y trata de recibir compensaciones que pueden considerarse análogas a las que, normalmente, están reservadas al Estado…”

“…un poder que no tiene otro objeto que el reforzamiento de su propia capacidad de dominación (…) tratando de aprovechar, para ello, los espacios que el poder constituido (…) no sabe o no puede ocupar.”

“Las conexiones entre mafia y política, entre el modelo criminal mafioso y la realidad de algunos regímenes políticos, incluso de algunos tipos de actuación política en democracia, ha sido siempre un tema fascinante.”
(*) https://www.revistadelibros.com/articulo_imprimible.php?art=2657&t=articulos.

En efecto, organizaciones mafiosas sofisticadas que ocuparon espacios propios del Estado y que, finalmente, lograran penetrar a la política, como fórmula de lucha por y para el poder, se convirtieron en elemento esencial en la reproducción del tejido social urbano estadounidense y sus relaciones derivadas, y del mundo, en alguna medida, debemos afirmar y no sin cierta complicidad de los propios Estados-Gobiernos. Veamos un par de casos emblemáticos, acaecidos en los recientes años 80 del siglo pasado, dónde Estados y gobiernos, solicitaron la cooperación y participación de las organizaciones criminales, para alcanzar sus objetivos políticos en cada oportunidad.

Entre 1981 y 1989, Ronald Reagan fue Presidente de los Estados Unidos de América, empeñándose en “acabar de una vez y para siempre con el comunismo en América”. Coincidió su presidencia con la consolidación del triunfo sandinista en Nicaragua. Los sandinistas, entrenados en Cuba o en su territorio nica, bajo fuerte influencia castrocomunista, derrotaron a un importante aliado estratégico de los gobiernos estadounidenses en Centroamérica: el general Anastasio Somoza Debayle. La CIA, cumpliendo con el mandato de Reagan, planificó y ejecutó una operación (ideada en gran parte por el Teniente Coronel Oliver North, asesor especial del Presidente), para hacerle llegar armas y equipos a la “Contra” (como se llegara a conocer a la organización guerrillera creada y financiada en Nicaragua por los antiguos somocistas y, por supuesto, el gobierno de los Estados Unidos), con el objetivo de defenestrar del poder al FSLN.

Una de esas operaciones montadas por la CIA, implicó los servicios de un piloto civil, el capitán Barry Seal, para llevar, por vía aérea, armas, pertrechos y equipos a los “Contras” en Nicaragua y desde los Estados Unidos. Seal (quien previamente ya habría trabajado para la CIA, aliándose secretamente y en el ínterin al Cártel de Medellín), participó como agente activo con los mismos jefes de la “Contra” (y Jorge Luis Ochoa Vázquez por el cártel) en una maniobra mediante la cual las armas con destino a aquella organización paramilitar, se llevarían directo a Colombia desde los Estados Unidos y no a Nicaragua (los cárteles habrían tomado parte del armamento y negociado el restante con los grupos guerrilleros colombianos), mientras, simultáneamente, ingentes embarques de cocaína, se traerían a bordo de las aeronaves y en los vuelos de regreso. “La Merca” se habría almacenado en Nicaragua, para enviarla más tarde a Estados Unidos, oculta en barcos pesqueros. Seal fue finalmente descubierto, siendo utilizado por la CIA, la DEA y el FBI, para capturar a los operadores del Cártel  de Medellín, tanto en Centroamérica como en los Estados Unidos, “entregando”  finalmente la “conexión nicaragüense”. Cómo acto conclusivo de su riesgosa carrera, Seal fue asesinado en los Estados Unidos, por miembros de cártel de Medellín, el 19 de febrero de 1986.

El segundo caso corresponde a la colusión del gobierno cubano con el Cártel de Medellín. Pablo Escobar Gaviria hubiese negociado con el gobierno cubano el uso de su territorio, como base logística y de almacenaje para “la merca” en su ruta hacia los Estados Unidos. Existen dos versiones sobre la ocurrencia de la negociación y la posterior operación de narcotráfico; ambas colocan como estratega a Raúl Castro y una de las dos refiere el conocimiento de su hermano Fidel, pero sin su involucramiento directo. El coronel Antonio “Tony” La Guardia (MININT) y el general Arnaldo Ochoa (FARC) hubiesen sido los seleccionados por Raúl para manejar la operación, junto a otros dos oficiales, el capitán Jorge Martínez (FARC) y el mayor Amado Padrón (MININT). La estrategia habría sido escogida por Raúl y su equipo, en su lucha “contra el imperialismo” y para la obtención de “fondos frescos”, según la primera versión. En la segunda, como una complicada maniobra para salir de la disidencia conspiradora,  recogiendo “plata por la vereda”. Lo cierto es que el 13 de julio de 1989, un tribunal militar creado para esos efectos y tras haber sido “descubiertos”, dictó sentencia de muerte contra La Guardia, Ochoa y sus compañeros, siendo fusilados un mes después, en La Habana, pero, hasta hoy, en un lugar totalmente desconocido en esa ciudad. Pasaron de ser “Héroes de la Revolución” a “Traidores de la Revolución”. El juicio, totalmente televisado en Cuba, se conoció como “La Causa Nº 1”.

En suma y a partir de las experiencias anteriores, es posible construir dos conclusiones contundentes:

•           El gobierno de los Estados Unidos actuando de consuno con los gobiernos aliados en Centroamérica y en contubernio con organizaciones criminales traficantes internacionales de armas y, por mampuesto, con el narcotráfico colombiano, intenta hacer realidad el objetivo político de derrocar en Nicaragua al FSLN.
•           El Estado cubano coludido con una organización criminal, de nuevo el Cártel de Medellín, pretende resolver sus problemas económicos y utilizar sus réditos como armas en el desarrollo de una solución para sus conflictos políticos, tanto internos como externos.

Ahora bien, a la luz de estos dos singulares y gráficos ejemplos, cabe preguntarse, treinta años más tarde: ¿Cómo se presentan en la actualidad las relaciones entre Estados, Partidos y el Crimen Organizado? Precisamente, desde el ángulo de visión que ofrecen ambas ocurrencias, es posible construir un modelo de comprensión teórico.-político y en los siguientes términos: sobre un espacio de borrosidades de fondo, como nosotros observamos la realidad hoy día, tres estructuras se superponen e intersectan en una suerte de relación, hoy igualmente borrosa. Estados-Gobiernos, Partidos Políticos y Crimen Organizado, se encuentran en espacios comunes que definimos teóricamente como “Borrosidades”, “espacios grises” relacionales movidos por intereses compartidos, que, a su vez, pudiesen llegar a intersectarse en un espacio común, dónde eventualmente coincidiesen intereses convenientes a los tres, esto es, el espacio gris de los "intereses políticos y pecuniarios comunes".

Pero acerca de la específica y concreta “realidad criminal organizada”, veamos que nos muestra la evidencia empírica. Más de 150 organizaciones criminales a gran escala, haciendo vida en más de 20 países; más de 2 millones de miembros, cifra que crece diariamente de forma exponencial; una variadísima cartera de negocios que representa más de 100 mil millones de dólares americanos al año, con intereses en todos los continentes, demuestra que el Crimen Organizado (así con mayúsculas iniciales), se ha convertido en un emporio potente, capaz de condicionar la marcha del mundo, si ese fuese o llegase a ser su interés estratégico prioritario. Tomemos ahora contacto directo con su penetración política. Comencemos por la vieja Europa…

En Eslovaquia, por ejemplo, el gobierno colapsó al comprobarse la participación directa de la ‘Ndrangheta en el homicidio de un joven periodista (Jan Kuciak), quien estuviese investigando los vínculos del partido ganador de las elecciones nacionales, con esta última organización criminal italiana. Robert Fico, primer ministro electo y luego en funciones, hubiese renunciado al cargo por tal motivo.

En la Italia actual, las grandes organizaciones criminales controlan una porción sustantiva de la política y, como consecuencia, de las contiendas electorales. Reportajes en importantes medios del mundo, denuncias hechas públicas por fiscales antimafia, jueces y periodistas, certifican esta penetración sistemática. La ‘Ndrangheta calabresa, la Camorra napolitana, la Cosa Nostra siciliana y la Sacra Corona d’la unitá, con sede en el norte italiano, no solo participan e interfieren en las elecciones regionales sino también en las nacionales (caso Silvio Berlusconi y el partido Forza Italia, por ejemplo).

Y, de nuevo, respecto de la ‘Ndrangheta, se le reputa como la organización criminal más expandida del mundo. En la austral Argentina, por ejemplo, el partido del Primer Mandatario Nacional saliente, Mauricio Macri, hubiese sido acusado de promover la intromisión de esta importante organización criminal Ítalo calabresa, tanto en los procesos electorales como en la conducción de la gestión pública.Sobre la expansión de esa poderosa organización criminal, un capo mafioso calabrés recientemente fallecido, habría dicho:

“El mundo se divide en dos partes: lo que es Calabria y lo que  pronto se convertirá en Calabria”.
"Il mondo è diviso in due parti: che cos'è la Calabria e che presto diventerà la Calabria"

En nuestro ámbito hispanoamericano, mucho se puede decir del desarrollo del crimen organizado. México, por ejemplo, en manos de las organizaciones criminales de asesinos y traficantes de humanos (Zetas y Templarios, por citar un simple par) que también parecen controlar el Huachicoleo (hurto, venta y tráfico de combustible, con complicidad interna desde Pemex). Los poderosos cárteles mejicanos de la droga, como el Cártel del Golfo y el Cártel de Sinaloa, este último en manos de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera y sus hijos, siendo el más joven de ellos, Ovidio Ramón, protagonista reciente de un espectáculo doloroso y bochornoso, acaecido en la ciudad de Culiacán y en la que miembros del cártel mantuviesen en vilo a la ciudad capital sinaloense, tras la captura de “El Chapito”, siendo finalmente liberado de inmediato por el propio Presidente de la República “para evitar males mayores a la población”. El Cártel de Sinaloa tiene hoy intereses en más de 60 países y se le vincula con las acciones desestabilizadoras que conduce en Bolivia el recientemente renunciado mandatario de izquierda Evo Morales, a los fines de la recuperación del poder y a cambio de “condiciones especiales de libre operación” del cártel, específicamente en la región selvática del Chapare.

El Salvador y Guatemala, en manos del lumpen pandillero centroamericano, que habiendo dado sus primeros pasos en el sur de California, en los Estados Unidos y luego de la guerra civil en el primero de los países referidos, se hubiese trocado en “pandilla” para defenderse de los delincuentes urbanos estadounidenses, tan pobres y preteridos como ellos (especialmente chinos, coreanos, negros americanos y mejicanos), dando a luz a esos engendros que hoy controlan la casi totalidad de ambos países en Centroamérica: la Mara Salvatrucha y Barrio 18…

Y en nuestra tierra, también es mucho lo que podemos decir. En Venezuela, por ejemplo, el discurso político del conflicto político de las dos facciones enfrentadas, se nutre de una identidad mafiosa propia. Mientras la facción que representa al gobierno, acusa a su contraparte de hacer uso de “narcoparacos financiados por la oligarquía colombiana”, su contraparte acusa al gobierno de promover, sostener y amparar a “la guerrilla colombiana disidente”; a facciones terroristas de origen árabe;  a grupos internacionales de narcotraficantes y colectivos del hampa común que han, además, “penetrado totalmente a la fuerza pública y a las instituciones del Estado”.

Así las cosas, la “retroalimentación perturbadora” entre conflicto político y su discurso , toma un cariz distinto, merced de la intervención directa de las organizaciones delincuenciales en actividades de secuestro y asesinato, sabotaje, saqueo y destrucción de la propiedad, tanto pública como privada, alimentando además el discurso y haciendo cada vez más intensos los “retornos perturbadores”, promoviendo de manera permanente una marcha indetenible hacia los niveles más altos de la fase de escalamiento, correspondiente a la etapa de curso más proceloso en el desarrollo de los conflictos.

Siguiendo esta senda, los gobiernos de Venezuela y Colombia se acusan mutuamente. Se señalan como promotores en la participación y realización de actos subversivos de uno contra otro, ofreciendo públicamente pruebas irrefragables de la participación de grupos armados de criminales organizados. Se han visto involucrados también a agentes armados venezolanos, en la promoción de actividades de sabotaje y agitación en las República de Ecuador y más recientemente, se ha dicho en cierta prensa internacional, en la 
República de Chile.

Pero aún más recientemente, el Presidente Lenin Moreno de la República de Ecuador, ha acusado al Primer Mandatario venezolano Nicolás Maduro y a los expresidente de Cuba, Raúl Castro y del propio Ecuador, Rafael Correa, de intentar derrocarlo, promoviendo, desde fuera, actos de sabotaje, mediante el empleo de grupos armados entrenados para tal fin o miembros de organizaciones reputadas de criminales.

Hoy la prensa internacional ha llegado a afirmar que la ‘Ndrangheta calabresa, la organización criminal más grande del mundo, como dijésemos en líneas previas, tiene, por añadidura, una “visión para su expansión estratégica” a corto, mediano y largo plazo.

Si extendemos esta “visión estratégica” a otras organizaciones criminales como las Tríadas chinas de Hong Kong, utilizadas tanto por el Partido Comunista Chino como por la CIA, promoviendo disturbios en favor y en contra de una u otra facción, durante la realización de las violentas protestas que tuviesen lugar en aquella ciudad china recientemente…La Yacuza, activa promotora en la trata internacional de blancas para la prostitución de políticos tanto dentro como fuera de Japón y puente del narcotráfico desde y hacia el oriente lejano…O las mafias de traficantes de seres humanos desde los países africanos hacia Italia, a través del Mediterráneo y hacia la isla de Lampedusa en Sicilia, en colusión con la Cosa Nostra y la Camorra, para promover triunfos o derrotas electorales en el sur italiano y al propio tiempo, favorecer el conveniente aporte de un nutrido y permanente contingente de mano de obra esclava, explotada por la estructura itálica criminal en sociedad con parte sustantiva del empresariado italiano, con pingües réditos y sin costo…O el Cártel de Sinaloa o la Mara Salvatrucha o los Templarios o los Zeta o el ELN o la disidencia de las FARC  condicionando vidas, muertes, contrabando de combustible y alimentos, migraciones fronterizas, narcotráfico y participación política, es válido preguntarse: ¿Cuál será la agenda de las relaciones internacionales entre los países en el futuro inmediato? ¿Será aquella que impongan los gobiernos, sus políticas o intereses estratégicos o las agendas de las vastas organizaciones criminales internacionales, coludidas, como ya hemos visto, con grupos empresariales, facciones y/o partidos políticos, sean gobiernos o no?

¿Quiénes serán los mandatarios en el futuro próximo; políticos de oficio, los jefes de los cárteles o, acaso, un “capo di tutti capi”?

CONCLUSIONES.

Por todo lo anteriormente expuesto, nos permitimos concluir:

·        La política real parece no haber sido nunca un juego libre de la participación de bandas criminales.
·       La política y los gobiernos, al menos en el pasado siglo XX, se valieron de las organizaciones criminales        para lograr objetivos de poder.
·    Hoy: la política real ha sido penetrada por las organizaciones criminales o negocia sus intereses de poder con las organizaciones criminales.
·     Hoy: los criminales son políticos y hay muchos más políticos criminales.
    Hoy: pareciésemos ir hacia una sociedad dónde la ley, la norma y los condicionantes de la convivencia social, lucen serán fruto de lo que acuerden políticos de oficio y criminales o impongan a ultranza las organizaciones criminales según sus agendas de intereses y, acaso, como consecuencia, las relaciones internacionales que de ellas se deriven.
·   Hoy, en virtud de la contundencia de la realidad circundante, esa misma realidad plétora de “borrosidades”, dónde los límites se han difuminado ¿Será el crimen malo y diabólico…? ... ¿O tal vez no?...

Y así las cosas, de regreso al clamor que un día citáramos, al verlo y sentirlo protagonista en una protesta estudiantil latinoamericana, con ocasión de la revelación de un nuevo mega escándalo, sea válido recordarlo, “Fuera delincuentes disfrazados de gobernantes”, obligatorio terminar estas líneas con otra contundente interrogante, ahora más borrosa en su propia y actual borrosidad:

¿HOY DÓNDE TERMINAN LOS GOBERNANTESY DÓNDE COMIENZAN LOS DELINCUENTES…?


30 de julio de 2019

Peripecias castellanas: del “lépero mejicano” al “lépero cubano”…


Decía nuestro distinguido hombre de letras venezolano Luis Manuel Urbaneja Achelpohl  (1873-1937) que podía resultar toda una “auténtica peripecia” lograr entenderse en América Hispana, dados los muchos significados disimiles que un mismo vocablo, pudiese llegar a adquirir, en las distintas latitudes de nuestro luengo continente. Por ejemplo “vasca” en México y durante un tiempo, significó, ni más ni menos, lo mismo que “vómito”. De modo que si usted se le ocurriese, acaso por halagar, decirle a una dama que tuviese “cara de bella vasca”, hubiese resultado bastante probable que recibiera por respuesta una sonora imprecación, seguramente de la misma intensidad que la percepción del “insulto” hubiese tenido por parte de la dama sujeta al inocente piropo...

Ocurre un caso equivalente con un vocablo que me he encontrado en un extraordinario texto sobre la historia de “la guerra de los tres años” (1858-1861) entre liberales y conservadores, en el México “lindo y querido” de la medianía del siglo XIX. Titulado “Juárez y Maximiliano. La roca y el ensueño”, fue escrito por ese extraordinario historiógrafo, investigador y periodista Dr. Armando Fuentes Aguirre, quien en un intento por escribir “otra historia de México”, se hiciese muy famoso en la prensa de ese país, bajo el pseudónimo de “Catón”, acaso en pintoresca alusión a Marco Porcio Prisco Catón, conservador legislador romano, defensor a ultranza de las tradiciones, algo que pareciese Fuentes Aguirre querer hacer, respecto del papel de los conservadores mejicanos en aquella guerra civil y en la posterior entronización de Maximiliano de Habsburgo como emperador de México.

Se trata del vocablo “lépero”. Fuentes Aguirre se lo endilga a cuanto malviviente (de esos típicos en nuestros predios, en todo lugar y todo tiempo histórico), quien condenado a la pobreza más indigna, al escuchar “cantos de sirena revolucionaria” aprovechase la ocasión para “vengarse” de todos aquellos que luciesen, oliesen y actuasen de manera distinta a aquel. Solazándose en su resentimiento y odio social, suele hacer “justo ejercicio de su legítima reparación” al haber sido víctima reiterada del “oprobio y la exacción continuados”, situaciones, claro, siempre y de manera inconfutable, culpa directa de los agredidos, casi siempre decentes, bonitos y bien vestidos. Acaso "los vengadores revolucionarios" no mereciesen tales reparaciones, al haber sido lo peor de sus congéneres y muy probablemente, buena parte de los agredidos, inocentes absolutos en la generación de su sufrimiento. Llama Fuentes Aguirre “léperos” a quienes agreden o intentan agredir al General Miguel Miramón o a su familia, distinguido y valeroso militar conservador, también Presidente de México en apenas un instante. Pero también llama “léperos” a quienes conservadores en apariencia, gratuitamente agreden sin cuartel a los “liberales rojos”  y a sus familias, seguidores contumaces de Benito Juárez, llegando algunos de aquellos agresores al extremo de matar.

Cuando ocurrimos al Diccionario de la Real Academia Española, hemos encontrado detalles muy curiosos asociados al vocablo “lépero”. El primero y más interesante: la palabra es estrictamente hispanoamericana. Puede que exista una equivalente en España, pero “lépero” es, sin la más mínima duda, vocablo nuestro por nacimiento. Lo segundo es su lugar de residencia permanente: vive, crece y se reproduce únicamente en Costa Rica, El Salvador, Honduras, Guatemala, México y, de retruque sureño, en Ecuador. No pareciese existir, en tanto uso, en Venezuela, al menos en el discurso político del siglo XIX, aún en la historia política contemporánea, según nuestra propia exploración. En Cuba su uso es tangencial, pero tiene otro significado, según señala el sabio DRAE y eso hace al vocablo, junto a sus significados, aún más interesante. Veamos…

Para los mejicanos (se reitera una vez más) según DRAE, un “lépero” es un individuo “soez, ordinario, poco decente”. Por soez y ordinario, acaso, entiendan los mejicanos (o hayan entendido en tiempos pretéritos) a un individuo mal hablado y de muy malas maneras; ocurre que hoy día es muy difícil distinguir entre el prohombre y el gusano: las malas maneras y las palabras soeces hacen parte de la parla vulgar común, tanto de féminas como de hombres (nos parece inadecuado hablar de “damas y caballeros”, porque pocas y pocos hoy existen, desde nuestra muy humilde forma de ver y entender). Y sobre la “poca decencia” actualmente es casi denominador común, sobre todo en nuestros predios partidarios de naturaleza política. Pero, al fin y al cabo, es esa la “significación mejicana” del “significante vocablo” que hoy nos ocupa. Lo mismo parece ocurrir con costarricenses, salvadoreños y guatemaltecos. Excepción hecha de los primeros, en alguna medida, los segundos y terceros están en manos de los peores “léperos” de América Central, tanto “arriba” como “abajo”, según la evidencia empírica parece demostrar.

Con los nicas, hay un par de significados complementarios y muy gráficos, por cierto, si los allegamos a las vecindades “orteguianas”  o, tal vez, los colgamos de los “los cálidos brazos de la bruja Chayo”: además de “soez, ordinario y poco decente”, los nicas pudieron o pudiesen hoy utilizarlo para distinguir al “ladrón”, según DRAE, aquel “que hurta o roba” interesante duplicidad de significados, en el contexto político nicaragüense actual. Mientras, en Ecuador, se describe a quien es “muy pobre, sin recursos”. Hasta aquí, los significados son variados y distintivos: un lépero es un tipo soez, ordinario, poco decente y ladrón, quien además es muy pobre y sin recursos, si lo miramos de forma global, según los significados disponibles y observamos al continente como “un todo hispanoamericano que se expresa sin bozal"

Lo curioso es el significado cubano. En Cuba, un “lépero” es un tipo “astuto, perspicaz”. No tengo idea de la evolución lingüística del vocablo como para poder discernir de qué graciosa manera, un tipo “soez, ordinario, poco decente, ladrón y pobre”, se troca allá, en los predios tropicales de la isla caribeña, en elemento “astuto y perspicaz”. Miles de interpretaciones son posibles y hasta traviesas. La primera, dotada de cierta admisibilidad, posiblemente sea que en Cuba se es siempre “tan pobre y de tan pocos recursos”, que hay que ser “astuto y perspicaz” para sobrevivir, experiencia que, en virtud de la omnímoda presencia cubana en nuestras actuales vidas, estamos aprendiendo a vivir los venezolanos. Lo segundo, que los Castro hayan “intervenido” también en el cambio de la interpretación, toda vez que “lo soez, lo ordinario y lo poco decente, junto a lo ladrón” son “gracias que adornan a los neo castro comunistas”, englobando todas estas características como rasgos inequívocos de la “astucia” o la “perspicacia” olivarda rauliana, hoy vestida de burda civilidad a lo "Canelo". Y, finalmente, que se puede ser “soez, ordinario, poco decente y ladrón” disfrazando tales características con suficiente “astucia o perspicacia”, mediante el uso de un muy eficiente, eficaz y efectivo aparato de propaganda político-ideológica, inoculada (la propaganda) mediante el uso “persuasivo y convincente” de la tortura, la desaparición y la muerte. Interesante: cosas del castellano en América Hispana, sobre todo esta en la que habitamos  hoy día, las naciones auto proclamadas con rimbombante teatralidad "Socialistas" … ¡¡Cosa más grande, caballero y caballera!!!…


19 de marzo de 2019

Los niveles de realidad política y la Venezuela actual.

Más allá del hecho de que la "realidad política actual" no pertenece a la historia hasta que, virtud de lo inexorable de la flecha del tiempo, se convierta en pasado, resulta crucial para nosotros utilizar cualquier espacio de difusión pública (bajo control nuestro, claro) para establecer nuestra propia interpretación teórica respecto de los niveles de la realidad y la situación política actual de Venezuela, sujeta en adición a nuestra particular idiosincrasia, característica social que aporta a nuestra vida una manera singular de aproximarnos a la realidad.

Hacer afirmaciones sobre la "conducta de los pueblos" sin el debido sustento científico, pudiese ser fácil y evidentemente reputable de empirismo. En tal sentido, nos limitaremos a emitir una conjetura inicial, con la única base empírica de nuestra propia experiencia personal, misma que data de más de sesenta y cinco años de existencia venezolana: los venezolanos no nos sentimos parte de la realidad, más bien la entendemos como "algo diverso" que nos circunda, en suerte de visión concéntrica, tal cual lo hace un actor principal sobre un escenario. Si partimos de una sentencia, también susceptible de prueba desde la visión empírica, cual es que "la realidad no es lo usted cree que ve, sino más bien la realidad es",  los venezolanos solemos creer que la realidad es lo que "exactamente vemos", acotada además, única e ineluctablemente, a lo que percibimos por los sentidos. Así se han construido buena parte de nuestras afirmaciones criollas, como por ejemplo: "los negros son malos"; "hombre que llora públicamente, es cruel en la privacidad"; "todo cura es bueno, porque es un hombre de Dios"; "no hay mujer que no lo dé, ni hombre que no lo pida", etc, etc, etc. Se trata de "juicios de valor" que aunque inofensivos, por la aparente intencionalidad inocente en su construcción, impulsan un mecanismo propio de creación de verdades, que sirve luego a cualquier propósito, especialmente en aquel que conduce a la creación de recortes de realidad, al interior de la realidad política.

En la pugna interpartidaria venezolana existen casos históricos; por ejemplo "los capacheros de Gómez son asesinos por naturaleza"; "los adecos son negros empingorotados"; "hay dos cosas bien difíciles, bien difíciles de ver: mujer orinando en frasco y negro inscrito en COPEI". Aunque estos tres ejemplos caían en las expresiones jocosas criollas en cada oportunidad histórica de su emisión, a medida que se iba descendiendo en el imaginario popular, aquellas consejas al principio, terminaban convirtiéndose en sólidas verdades, en ocasiones alimentadas con amargas prácticas de violencia política. De manera que idiosincrasia y formas de aproximación a la realidad, inducen lo que nosotros llamamos "niveles de realidad", siempre condicionados respecto a lo que "percibe el observador con visos de exclusividad" y no a la realidad política en su conjunto.


En la Venezuela actual, la evidencia empírica disponible permite identificar varios niveles de realidad política que transitan vertical y transversalmente la realidad total. Una percepción de la realidad que discurre en una suerte de estructura social de clases, hoy  comprimida por la cuasi práctica desaparición de las llamadas clases medias y otra transversal que, en lo político, va desde la extrema derecha a la extrema izquierda. Realidades que se superponen y se enfrentan en la medida en que avanzamos en la realidad política y que, desde nuestra muy humilde óptica de científicos políticos, entendemos colisionaran en algún momento, con la desgraciada conclusión que todos tememos: la guerra civil.

La primera de esas realidades es la que llamamos "roja-rojita". Ciertamente el chavismo existe, es sólido pero, en la actualidad, definitivamente minoritario, si se lo compara con "los gloriosos años del Supremo y Eterno". Hoy día recoge en su seno a cinco tipos de “seguidores duros” y de naturaleza mayoritaria: los militantes incondicionales, que contienen a los llamados “colectivos”; los círculos internos del Madurociliato, en cualquier nivel de gobierno; los militares a su servicio, en cualquier graduación militar; los funcionarios públicos y los prebendados de ocasión. Sin importar ya los "contenidos ideológicos" la existencia vital, entiéndase bien, "vital" de estos grupos, depende de la conservación del Poder Político y la administración directa de los recursos públicos; armas, dinero, poder, negociado, asistencia médica, protección física y, finalmente, alimento seguro, hacen parte de los ingentes "beneficios" de ser y hacer parte del "rojo establishment". No queda de otra: la vida depende de quedarse y conservar el poder a cualquier costo. La percepción de la realidad es que "no pueden salir de su mundo rojo-rojito", dicho en otros términos y en primera persona: "la realidad que veo, es mi única opción de realidad". Por otra parte e ideológicamente hablando, las revoluciones socialistas llegan para quedarse, dado que el socialismo desestima los mecanismos alternativos y representativos de la democracia burguesa. Así las cosas, en términos ideológicos, tampoco hay otra percepción, esto es y puesto de nuevo en primera persona: "la realidad que veo, es mi única opción de realidad". Sumando ambas situaciones: la realidad que veo, es la que es...No existe otra.

La "otra realidad" es la de aquellos que hacen el intento por sobrevivir "en la otra acera". Hoy mayoría, porque incluye ciudadanos de a pie, muchos de los cuales están alimentándose de la basura; chavismo disidente y oposición política; simpatizantes decepcionados y gente muy molesta, quienes, además, han visto morir a familiares por falta de medicamentos o asesinados en las calles, tanto por el "hampa roja colaboradora" organizada en los llamados "colectivos" como por el hampa común; gente que se ha arruinado porque ha perdido su negocio, su medio de vida, empleos y hasta vida cotidiana,  lanzados por fuerza a una pobreza que creían haber dejado muchos lustros atrás, van acumulando una suerte de desesperación agónica, porque la única realidad que "logran ver" es su "realidad de menesterosos por obligación". Cercada en sus posibilidades de inducir un cambio por aquellos que no quieren y no pueden ver cambiar su realidad "roja-rojita", no se le deja otra opción a esa mayoría que lanzarse por el primer despeñadero que vea o tras el primer líder con opción de que dispongan. Es fácil pedirle al enfermo terminal de cáncer que tenga paciencia frente al dolor físico, cuando no se padece; es sencillo pedirle al ciego que ha visto o al manco quien poseía ambas manos, resignación frente a su nueva situación de pérdida total. Pero no es fácil ni sencillo el sentir y menos el padecer. La realidad que mira esa mayoría es, dicho en primera persona: "la realidad que veo y, definitivamente, es la que es". Y esa mayoría desesperada se pregunta: ¿Es que no existe otra?...

La respuesta a la pregunta anterior es tremendamente preocupante: ambas realidades son mutuamente excluyentes. Los "rojos" sobre todo en los últimos cinco años, han hecho tanto daño, en su desesperación por aferrarse a ese poder y sus recursos, que han quemado sus naves en una hoguera de odio y venganza incontrolados, sembrándolo como ortigas en los otros, reiteramos, ahora mayoría, que sufren, cada vez con mayor desesperación, la sentencia que, el tribunal inexorable de “la roja realidad" (paradójicamente también en la desesperación que provoca la auto defensa y la sensación de caída), le ha impuesto al resto de la población que no los acompaña, sentencia además materializada en las más pasmosas condiciones de vida extrema: hambre, muerte, miseria y escasez.

Si lo vemos en términos de los niveles de realidad, “la realidad roja-rojita es la que es y no hay otra” y respecto del resto de la población “la realidad que veo no es la que quiero y la realidad roja-rojita me impide mirar la que quiero”. Puesto así, el razonamiento más elemental indica que “la realidad roja-rojita” es la negación de “la realidad que quiere ver el resto de la población”, ergo, la que quiere ver el resto de la población impide la existencia de aquella roja-rojita; en términos más simples y reiterando el razonamiento anterior: ambas son mutuamente excluyentes. Y ambas, por paradoja, si no se imponen en sus fueros, implican una lesión cancerígena en la vitalidad de cada grupo, ergo, la vida se va en ambas y la solución coloca a ambos grupos en modo de supervivencia.

Tal situación favorece intereses foráneos en uno y otro bando, que pretenden ganar en la contienda, dándole oxígeno (y combustible) a cada percepción de la realidad. Cubanos (sobre todo el castrismo, obstinado en seguir insuflando energía a un cuerpo agostado por el tiempo, la corrupción y la maldad), rusos, chinos, turcos e iraníes, en el contexto de su lucha geopolítica con los Estados Unidos republicanos y de Trump, así como sus propios (y particulares) intereses económicos; y los Estados Unidos republicanos y de Trump, con la UE, más sus aliados suramericanos, en su lucha geocontinental contra rusos, chinos, iraníes y turcos, por la recuperación de su papel hegemónico en el mundo. Ambos, como ya dijimos, alimentan su propio “recorte de realidad”, tratando de estimar sus ganancias luego que el cuerpo venezolano se termine destazando así mismo. Total la sangre ajena nunca ha importado cuando de oro se trata.

Así, los niveles mutuamente excluyentes de realidad, siguen avanzando uno contra el otro, en un curso de colisión inevitable, donde la acumulación de los odios y los deseos de venganza van en aumento y como carbón a calderas de vapor, chirriando las ruedas, emitiendo humo cada vez más negro, van rugiendo sobre los rieles de la estulticia, bajo la sombra del miedo-pánico a ser el próximo e inevitable descarrilado. No hay forma ni manera: vamos hacia un final impredecible…Dios tenga misericordia de nosotros…